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lunes, 4 de enero de 2010

Más bases mínimas

No sé... me embola escribir este tipo de cosas: me siento una especie de pedante que habla de lo que no sabe solamente para escucharse y ver si lo que piensa es consistente. Pero no he podido dejar de hacerlo, por un lado, y por otro son el contenido que considero mas importante de los relatos y experiencias que constituyen esta etapa del blog, así que no puedo dejar de ponerlo para dar sustento intelectual a lo que quiero contar. Una especie de machete teórico que supla la falta de talento narrativo, así como de interés por desarrollarlo.

Vale aclarar que todo lo que digo corre por mi cuenta, y que ninguna de estas afirmaciones está avalada por nadie: no por Alicia, no por Gurdjieff ni por Jung, mucho menos por el Mago.

Acaso tal vez por mi Sombra.

Muaca muaca.



Tomamos las siguientes premisas:

1- Toda persona tiene una mente que es conciente de sí misma desde la que experimenta su vida.

2- La mente conciente de sí misma es una parte del total del aparato psíquico, y es una parte minoritaria: el resto del aparato psíquico, que también constituye y se interrelaciona con los contenidos de la mente conciente es mucho mayor, y permanece regularmente fuera de la visión de la mente conciente. Permanece, justamente, en la inconciencia.


3- Todo esto tiene raíz profunda y comprometida en la vida física: el sistema nervioso y endocrino son el punto bisagra fundamental, pero hay otros niveles, como las somatizaciones musculares y posturales que, desde lo emocional y actitudinal simbolizan, expresan y realimentan la vida psíquica, conciente e inconciente. Vida psíquica y física no son lo mismo, pero vienen juntas y estrechamente vinculadas.


4- Hay estructuras innatas, inmanentes al ser humano de las que todos nacemos dotados, que constituyen parte de los contenidos de la mente, conciente e inconciente.


5- Estas estructuras cumplen la función de “órganos” psíquicos, dando sustento a la vida psíquica en todas sus manifestaciones: el pensamiento racional, afectivo, analógico, creativo, etc., etc., así como a actos mas sencillos y básicos, como el de percibir e interpretar.


6- La mayor parte de ellas pertenecen a la mente inconciente. La mayor parte de la vida psíquica y sus ramificaciones: creatividad, percepción, emocionalidad, intelecto, ocurre en la parte inconciente de la mente.


7- Algunos de estos “órganos psíquicos” son reconocibles y al menos parcialmente descriptibles.


8- Hay elementos de tradiciones esotéricas, occidentales y orientales, y del sistema de análisis junguiano, que se pueden tomar como descripciones parciales pero útiles, aplicables en la práctica, de estos órganos psíquicos.


9- Las aplicaciones prácticas de estos elementos y sus contenidos van desde la manipulación hipnótica de habilidades hasta el autodesarrollo psicológico, psíquico y espiritual, entendiendo “autodesarrollo” como el cultivo y maduración de un creciente contacto entre la realidad subjetiva y la objetiva. Obviamente, postulamos que hay una realidad objetiva y que es deseable la mayor toma posible de contacto con ella.




Todo lo que se narra en este espacio toma como eje y único objetivo legítimo la búsqueda de esta toma de contacto y acercamiento de la subjetividad a la realidad objetiva.
Dado que la mayor parte de la vida psíquica se desarrolla en el inconciente, asumimos también que

10- en el inconciente residen habilidades y poderes efectivos que la mente conciente no maneja.


Es tema de discusión dónde acaban estas habilidades y si tienen o no injerencia en la realidad objetiva, más allá de la conducta de la persona.
Pero con asumir que


11- las aplicaciones prácticas de los elementos de esoterismo y junguianos pueden desarrollar un trabajo psicológico eficaz que puede introducir cambios en la conducta de la persona


ya tenemos mas que suficiente a los propósitos de este blog.



Vistas las generalidades, vamos a presentar algunos de los elementos que mas frecuentemente se van a encontrar en la lectura de este espacio.
Son figuras que aparecen tanto en el tratamiento de Alicia Valero, como en otras fuentes, a veces en ambas, a veces en una sola.



El niño interno: representa al menos dos cosas simultáneas.
En análisis transaccional hay un concepto base que indica que las diferentes edades y etapas de la vida no se pierden al sucederse, sino que se acumulan como las capas de una cebolla.
Esto implica que en algún espacio psíquico, uno sigue siendo todo aquello que fue: un niño, un adolescente, un joven, y así.
Un hombre de sesenta años sigue pensando y sintiendo, en algún lugar de su ser, como un niño o adolescente, y mas precisamente aún, como el niño o adolescente que fue.
Mejor dicho: como el niño y el adolescente que fue, e incluso como las diferentes facetas importantes del niño que fue y de todo niño genérico (niño sumiso y niño rebelde son las categorías mas usadas en transaccional).

Estas diferentes facciones y mentalidades siguen vigentes toda la vida, cada una con sus perspectivas de la vida y sus propios objetivos.
Una persona sana, en términos de análisis transaccional, es aquella que consigue, justamente, una transacción adecuada entre las partes.
En transaccional se postula que esto se logra gracias a la mediación de la figura más adulta, que busca aceptar, integrar y satisfacer a todas las demás, pidiendo, por ejemplo, al niño rebelde que se modere, al niño sumiso que se exprese, etc.

Una de las acepciones del niño interno, entonces, es exactamente esa: una etapa histórica del individuo que permanece vigente.
Desde ese espacio mental, el individuo vive todo exactamente como un niño: las necesidades y deseos se viven sin filtro.

La otra acepción es que el niño interno es la primera línea de cada hexagrama del I Ching, que representa la naturaleza más íntima del asunto en cuestión, en este caso la persona*.
Asumimos que cada persona tiene, merced de una combinación de factores genéticos, históricos, psicológicos, culturales, etc., un perfil propio y único.
El niño interno es la expresión simbólica de ese perfil.
Es la naturaleza más íntima y el perfil único del individuo.



La sombra: esta es la única figura que reconozco como enteramente junguiana en el trabajo de Ali, pero mis lecturas junguianas son pocas.
La sombra representa todo aquello de uno mismo que uno no quiere saber que es.
Entra en esto tanto lo que rechazamos por nuestro perfil individual, como aquello que nos es culturalmente señalado como tabú.
Todo tabú tiene aparentemente relación con alguna necesidad fisiológica que se resuelve, como todas, mediante lo social: esto incluye desde la deposición hasta el sexo. Pero algunas cosas, diferentes según cada cultura e incluso según cada familia, entran dentro del campo de lo socialmente presentable o quedan fuera de el, debiendo ser realizadas fuera de la vista pública, y muchas veces con el mismo sujeto desviando la mirada.

Los ejemplos de sexo y deposiciones son los más claros, pero la sombra personal puede contener muchísimos y extremadamente variados elementos, desde miedo a la violencia propia y ajena hasta deseos frívolos, incestuosos, y un largo etcétera.
Dado que son partes propias del individuo, por más que éste no quiera saber ni que existen, no puede librarse de ellas.
El conflicto se resuelve con el mismo concepto de tabú: no hace falta erradicar el elemento tabú. Alcanza con mantenerlo fuera de la vista.
Si no se niega su existencia, sino que se la reconoce con amabilidad y se acepta que permanezca cerca pero fuera del ámbito de la conciencia, este espacio se integra alegremente a la vida cotidiana del individuo.
Dado que sus contenidos suelen tener base biológica, la buena relación con esta parte del ser libera mucha presión y energía, y otorga mucha fuerza a la persona.



El Guía o Yo Interior: es un caso delicado.
Esta figura reside normalmente por entero en el inconciente. La bibliografía sobre figuras similares parece ser abundante.

Castaneda nombra la figura del “testigo”: una parte de uno que permanentemente sabe exactamente lo que uno está haciendo y dónde está uno parado, aún cuando uno mismo no pueda verlo o no lo quiera admitir.
Stephen Mace y Crowley parecen considerar la figura del “santo ángel guardián” como aquella que tiene toda la información objetiva sobre todo lo que concierne al individuo y su circunstancia.
Lo identifico con una interpretación de la carta de El Mago, en tarot.
Parece ser la quinta línea de I Ching, el “gran hombre”.
También se lo asocia, según quien, a la actividad del séptimo chakra.
Esto se relaciona con el I Ching en que en ambos casos se adjudica al Yo Interior comunicación con una fuente de sentido objetiva y exterior a la persona.
Las especulaciones sobre qué es esta fuente de sentido objetiva y exterior apuntan a cosas tan dispares como el campo morfogenético, el inconciente colectivo, Dios, la sexta línea del I Ching y la simple realidad objetiva, interpretada por la misma figura del YS.
Dentro del sistema de Alicia, el Yo Interior es, además, la versión evolucionada del Niño Interno.

Más allá de la cantidad de habilidades y conocimientos que se le atribuyen, posee también todas las características del yo externo: la impaciencia o morosidad que lo caractericen a uno, sus virtudes y defectos.
Parece ser, pero no corroboré esto con lecturas propias, que Gurdjieff indica que el Yo interior se construye y evoluciona a sí mismo a través del diálogo con el yo ordinario y la realidad cotidiana.

Dentro del sistema de Alicia, el objetivo primordial es establecer la comunicación más límpida posible con esta figura porque, sea que tiene el machete que le pasa dios, o que simplemente se ubica en una especie de mirador o atalaya metafísico (recordemos que se lo llama también "yo superior" o higher self) , posee información importante e imprescindible para la vida cotidiana.

La comunicación con esta figura se logra por el silencio interno, al que se llega paulatinamente a través de la limpieza del ruido que ejercen los traumas y vicios mentales por un lado, y del ejercicio práctico de intentarlo, por otro.

El hecho de que el Yo Interior, en la concepción de Alicia no tenga acceso a la figura, de “la computadora”, implica lo que aparentemente dice Gurdjieff: el Yo Interior necesita, para tener una influencia armoniosa en la vida de la persona, tener contacto relativamente fluído con la mente conciente o yo externo.

El establecimiento de una adecuada relación entre estas tres figuras y otras que aún permanecen menos claras para mí, constituye la renovación de los personajes de la galería y la reprogramación de la computadora, previamente reseñadas.

Aparentemente, logrado cierto silencio y limpieza interiores, e incluso desde antes y como parte del proceso de limpieza, el Yo Interior provee los contenidos ideales para la reprogramación, que acceden entonces a la computadora con el concurso y permiso de la mente conciente.

El sentido de todo esto, repetimos nuevamente, es alinear a la persona con lo central de su personalidad y proveerla de un equilibrio psíquico que le brinde autonomía en la satisfacción de sus necesidades, o la capacidad de desarrollarla.




Además de estas tres figuras, en mi propia experiencia aparecen y son relevantes también las figuras materna y paterna y todo tipo de simbolismos fálicos y vaginales. He presenciado además repetidas apariciones de diversas cartas de tarot.
En la práctica de sofrología, esto puede explicarse sin necesidad de recurrir a la idea de que tengan existencia objetiva en el inconsciente colectivo, aunque sea la que yo abono, sino que puede simplemente ser parte de mi bagage personal adquirido.
La práctica del mazo viviente (todos los artículos al respecto, acá), sin embargo, parece indicar que si tienen existencia propia, aunque es prematuro afirmarlo.
También es regular durante las sesiones de sofrología la manifestación visual de símbolos de rei ki, y de contenidos aparentemente vinculados a la función específica de cada símbolo, aunque eso también está en observación.
De llegar alguna vez a corroborarlo, esto indicaría que los símbolos de rei ki también tienen existencia propia, objetiva e independiente, y que son parte del repertorio de estructuras innatas y órganos psíquicos propuesto más arriba.

Es permanente también la aparición de símbolos mucho mas heterodoxos y de significación más puntual y misteriosa o poco evidente. Iremos ejemplificando con el correr de las transcripciones de sesiones y eventos relacionados.


Una última premisa, que NO asumimos en este espacio, pero que es tema permanente de discusión en el ambiente así que merece exponerse, es la de que estas estructuras psíquicas inmanentes tienen no solo existencia objetiva, sino también injerencia y poder objetivo sobre la realidad externa al individuo, a la manera que plantea el hexagrama 31, el Influjo: “relaciones efectivas y objetivas con la realidad”, que pueden afectarla de manera sutil.

No me atrevería a postular eso, ni me parece necesario: alcanza con aceptar la existencia de las figuras nombradas (el niño interno, la sombra, la computadora, la galería de personajes y el yo interior) y la corrección de sus atribuciones más modestas para dar por sentada su importancia y capacidad efectiva de contribuir a la vida cotidiana de manera mucho mas efectiva y contundente que una u otra fantasía acerca de “las fuerzas sutiles”.


*en una charla con Alicia posterior a la publicación de este post, ella desestimó totalmente esta idea. Yo la voy a mantener hasta que encuentre una mejor con la que reemplazarla, o termine de entender su planteo de que la primer línea son "los ancestros, lo genético, las tribus de los antepasados". Sabe dios de qué habla, la puta que la parió.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Bases mínimas

En este texto se presentan unos cuantos hechos y otras cuantas ideas que sirven de base para lo que sigue en el futuro. Es bastante extenso, si...


Parte fundamental de mi camino por lo irracional, intuitivo, arquetípico, emocional, existencial, en la búsqueda de orden que comencé como terapia, es la compañía perseverante de Alicia Valero, mi terapeuta desde diciembre de 2006.
Su método de trabajo es una variante de sofrología con base taoista y orientación junguiana que poco a poco empecé a desentrañar, llevado por mi tendencia a desarmar todos los relojes.
Complicó mi afán explorador el que Ali esté en permanente evolución por lo que en buena medida la terapia que estoy haciendo ahora no tiene exactamente los mismos métodos ni objetivos que la terapia que hacíamos al comienzo.

No me quejo: es cada vez más fascinante, anche desconcertante.

Desde el comienzo, una sesión regular se desarrollaba de la siguiente manera: un poco de charla sobre la semana, la vida, las sensaciones, etc.
Hubo un tiempo en que estas charlas fueron disminuyendo y reaparecieron al consolidarse la amistad entre ella y yo: en términos generales, Alicia siempre pareció considerar estas charlas más un placer personal que una necesidad del trabajo.

Inmediatamente pasábamos a una relajación guiada (“tus pies pesan, todo tu cuerpo pesa”, etc., etc.), y alguna visualización de transición: una escalera o un tobogán son las más comunes.

Hace muchos años, en base a experiencias espontáneas y orientado a los intereses del momento, escribí un artículo titulado “masaje y psicodelia”, donde describía un eje imaginario que va desde el estado de vigilia total hasta el de sueño profundo, y tiene un correlato con el estado físico.
Básicamente indicaba que, a mayor relajación, mayor presencia de la actividad onírica, sin necesariamente suprimir la vigilia de la mente conciente.
Esto significa que, llegado cierto nivel de relajación, uno puede presenciar en su estado mental, una actividad muy similar a la que tiene cuando está soñando.

Grosso modo, uno puede presenciar, despierto, sus sueños. No es exactamente esto, pero la idea va por ahí.
El trabajo con Alicia empieza en ese estado de conciencia, en cada sesión.

Cuando uno está en este estado umbral entre la vigilia y el sueño, la actividad mental comparte las características de la actividad onírica, y pueden aflorar contenidos del subconciente, de la misma manera en que afloran en los sueños: simbólicamente.
Pero en estas condiciones, el contenido emergente no se olvida, y el simbolismo puede ser incorporado a la mente conciente, dando lugar a un proceso de re elaboración.

Habitualmente estos contenidos emergen a la conciencia en forma de metáforas visuales: uno “ve” imágenes, del mismo modo que “ve” los sueños con los ojos cerrados.
Estas “visiones”, comúnmente llamadas “visualizaciones” tienen una importante carga simbólica, por lo que pueden traer asociadas emociones e ideas.
A veces, la experiencia es muy intensa: tan intensa que, aunque uno no la confunda con la realidad, su contenido emocional lo arrastra de igual manera y uno llora la tristeza de la imagen, combate su violencia o disfruta su alegría.

Meses después, me iría enterando por mi cuenta de que el famoso “método de control mental Silva”, así como muchas prácticas de magia tradicional, occidental y oriental, tienen lugar en un estado de conciencia similar.
La diferencia importante radica en que, regularmente, el control mental o la magia buscan llegar a ese estado de conciencia umbral entre la vigilia y el inconciente para mandar de modo unilateral, “órdenes” al sub e inconciente, generando de este modo una “programación” que ponga los poderes del inconciente al servicio de la voluntad, o el capricho, del practicante o mago.

Esta práctica parte de dos premisas: uno, la de que el inconciente tiene mayores poderes que la mente conciente. Si estos poderes mayores son puramente perceptivos, o tienen también capacidad de afectar objetivamente los hechos, es tema de debate en el mismo ambiente, y no es necesario dilucidarlo ahora. Para continuar con el tema del artículo, daremos esta premisa por cierta.

La segunda premisa es que el inconciente está inactivo, a menos que le ordenemos algo.

Si esta premisa es errónea, como creo, este tipo de prácticas implican el grave peligro de atosigar al inconciente personal de tareas caprichosamente asignadas por lo que la persona considere importante en cada momento, sea conseguir dinero sin trabajar, sexo sin intimidad o la generación de una habilidad tal vez innecesaria.
Los ejemplos, lamentablemente, son muy corrientes: la gente tiende a usar este tipo de prácticas para tratar de saltarse pasos en la evolución natural de las cosas.
Estas tareas impuestas pueden entorpecer tareas más legítimas del sub e inconciente, complicando la vida del practicante.

En el sistema de Alicia, en cambio, en vez de enviar órdenes al subconciente uno se acerca al punto de umbral y se queda callado, permitiendo que se expresen los contenidos inconcientes. Por algún bug de diseño en el ser humano, los contenidos erróneos del sub e inconciente no pueden ser elaborados in situ, sino que necesitan pasar primero por la conciencia, comprenda ésta su simbolismo o no.
Una vez vistos, comienza el proceso de re elaboración, llevado a cabo mayormente por el inconciente.
Esta es una de sus tareas “legítimas”: promover una formulación de equilibrio en el sistema psíquico que sea óptima para la realización de las necesidades particulares de cada persona, en cada etapa de su vida.

Para terminar de sentar las bases del material que constituirá los próximos artículos explícitamente y con el menor espacio a ambigüedades, es necesario todavía presentar algunos conceptos más.

Desde la perspectiva junguiana, hasta donde alcanzo a entender, la mente se puede dividir grosso modo en:

-mente conciente (individual), donde reside la noción de ego que experimentamos y desde la que nos relacionamos con el mundo cotidianamente. Asumo que, por más que parezca ser la parte que controla la conducta, y mayormente lo sea, en general casi todos sus contenidos están pre determinados por el juego entre las demás partes.

-mente inconciente colectiva, donde residen las matrices que hacen posible el pensamiento, los símbolos primigenios para interpretar las vivencias que devengan, llamados en general “arquetipos”. Estos símbolos primarios son extremadamente complejos, variables, posiblemente indefinibles y universales: todos los seres humanos tenemos el mismo repertorio, pero el individuo no “usa” los arquetipos de modo “puro” en principio, sino que genera sus propias versiones de cada arquetipo en base a su experiencia vital. Asumimos la premisa de que sin estas matrices simbólicas, la interpretación del mundo y la experiencia no sería posible.
Dado que todos tenemos los mismos contenidos arquetipales, las diferencias entre el contenido psíquico de una y otra persona se encuentran entonces en la:

-mente inconciente individual, donde residen las variantes personales de los arquetipos que la experiencia histórica y vital del individuo forja. En este espacio se produce lo que doy en llamar “reprogramación”.

- mente subconciente (individual): un espacio membrana o pasillo entre la conciencia y los inconcientes “colectivo” e “individual”.

Entiendo que los modelos arquetípicos sanos permiten una interpretación y respuesta adecuada a los vaivenes de la vida, y que un modelo individual deficiente merma la capacidad de respuesta a la vida, y la calidad de la misma consecuentemente.

El trabajo de Alicia consiste en permitir el flujo adecuado de contenidos entre las partes descriptas, para que el sistema u organismo psíquico del paciente pueda evaluar el estado del inconciente personal y tomar del colectivo lo necesario para “reparar” lo que considere necesario.
El resultado es un cambio radical en los marcos cognitivos del paciente: la manera misma en que ve y encara la vida.
Idealmente, al terminar el tratamiento la actitud del paciente se basa en patrones de pensamiento más cercanos a los arquetípicamente puros.

Hay dos herramientas clave que logré distinguir en el sistema de Alicia que el sub e inconciente usan para cumplir su tarea: la “computadora” y “la galería de personajes”.


La “computadora” no reside en la conciencia regular ni en el inconciente colectivo, sino en el espacio intermedio del subconsciente e inconciente personal, y tiene manejo de un campo amplio de cosas: las respuestas conscientes, inconscientes, voluntarias e involuntarias de la persona y de su organismo, porque así se asegura la mayor eficacia en su función, que es la de minimizar la energía y tiempo dedicados a calcular y evaluar situaciones, para optimizar la capacidad de respuesta.

La mente conciente tiene una especie de “arreglo” con la computadora, tal que le delega la responsabilidad de dar respuesta a un montón de cosas, para estar ella misma libre de atender a otras.
Como ocurre regularmente este fenómenos parece ser: el individuo enfrenta un problema. Lo resuelve con el concurso de todo el sistema psíquico, incluídas sus mentes conciente e inconciente. Sintetiza una respuesta adecuada por si el problema vuelve a presentarse. Delega la aplicación de esta respuesta a la computadora. Cada parte con sus asuntos.
La respuesta es siempre correcta y la mejor para las condiciones del momento.


Y aquí llegamos a la potencial fuente de problemas: la realidad verdadera, inmediata, no es asunto de la computadora: para eso están la mente conciente y otros mecanismos ubicados en el inconciente.
O sea que si las condiciones cambian, la computadora sola no se entera, y sigue repitiendo las respuestas programadas a cada estímulo.

Pero siempre, en algún momento, las condiciones cambian, y hay que modificar la programación.

Parte fundamental de la programación se gestiona a través de la “galería de personajes”, que parece ser un conjunto de símbolos complejos que sirven de marco cognitivo macro, definiendo todo lo que uno cree y espera del mundo.
Pareciera ser la formulación que el individuo hace de cada arquetipo en base a sus experiencias vitales.
Aquí reside, por ejemplo la imagen femenina y masculina básica, o cómo la persona cree que es/son la masculinidad y femineidad, y por tanto los hombres y mujeres, y por tanto la relación entre los sexos y géneros, y con ello una buena porción de sus ideas acerca de cómo debe una persona comportarse en sociedad, qué objetivos tener en general, etc.
La galería puede tener contenidos erróneos, cuya reparación o reemplazo es parte necesaria de la reprogramación y curación del paciente.

La galería de personajes, al igual que la computadora, aparentemente reside en el inconciente personal, y su reformulación se logra a través del contacto con el inconciente colectivo, del cual el organismo extrae las imágenes arquetípicas con las cuales (más la suma de nuevas experiencias de la vida cotidiana, discriminadas a tal fin) reconstruye la psique, confeccionando mejores imágenes para la galería.
Si uno tuvo una madre poco afectuosa, por ejemplo, parte del trabajo es recuperar del inconciente colectivo el arquetipo “madre generosa” y reconstruir la imagen materna del inconciente personal, con lo cual todas las atribuciones asociadas a la madre (la sensación de contención, de generosidad, la sensualidad y otras muchas) se benefician de esta reparación, y la sensación subjetiva de la persona hacia un montón de aspectos de la vida, cambia de manera concomitante.
Es muy importante esta idea de que la mayor parte de la mente inconciente trabaja de modo metafórico, porque es lo que permite que todas las analogías derivadas de un concepto central actúen o se expresen en los marcos cognitivos.

Por poner otro ejemplo: una mala relación con el padre puede hacer que el sujeto no conforme un buen ejemplo individual del arquetipo masculino. Que en su galería, el personaje “papá = hombre”, no complete bien algunas de las características del arquetipo. Esto, eventualmente, puede traer al sujeto problemas en cualquiera de las áreas derivadas: desde su sexualidad hasta su relación con la autoridad o con la capacidad asertiva.

Además de las figuras evidentes recién planteadas (papá y mamá), hay otro conjunto, de dimensiones que no conozco, de arquetipos y figuras, no tan claramente asignables a lo cotidiano, pero igualmente significativos, según mi experiencia.

Algunas de las figuras de la galería pueden ser activamente usadas para el trabajo de reconstrucción: durante el primer año, Alicia trajo a colación diferentes figuras para usar durante las visualizaciones, incluída la de mi “guía”: una persona, ente o figura a la que recurrir cuando me encuentro muy desorientado. Hago un poco de hincapié en ella, porque fue muy recurrente durante bastante tiempo, y la van a ver aparecer varias veces en los textos próximos.

Tuve varios problemas con esta figura, fundamentalmente por la desconfianza de mi parte hacia cualquier figura con estas connotaciones.
Tuve que reformularla varias veces para acomodarme a ella, y algunas veces mi guía fue una versión de la carta del Ermitaño, otras fue una bola informe de energía robada de la historieta “Kamandi”, después el sol mismo y, durante un largo período, un gaucho con marcadas características indias llamado José.

Al momento de escribir, mi guía suele ser una mezcla de apariencias entre un pilar de luz en el que se entreve una figura humana, y una versión “aria” de mi mismo, más alta y armónica en general.

Otras figuras recurrentes en el trabajo son las de mi Niño Interno en versiones de diferentes edades, mi Sombra interna, padre y madre.
Durante una visualización regular, la aparición de estas figuras tiene las características de un sueño o una realidad virtual, en la que “veo” permanentemente una figura con la que me identifico en primera persona: me “veo” a mí mismo circulando por el escenario que surja en cada visualización. Y “veo” a estas figuras, e interactúo con ellas. Creo que en términos generales el que aparece como “yo”, la figura con la que me identifico en la visualización, es una representación de mi conciencia regular, de vigilia, o el “ego” conciente, y todas las demás figuras son porciones de mi sub e inconciente.
Correspondientemente, en la visualización estas figuras tienen independencia de mi (del yo visualizado que representa a la porción conciente de mi mente), y de hecho muchas veces estamos en conflicto. El objetivo general de la terapia es lograr la conciliación entre estas figuras/partes de mi psique y la conciencia.

A partir de cierto momento en el desarrollo propio de Alicia como terapeuta, ha ocurrido espontáneamente que símbolos de rei ki actuaran de modo parecido a algunas de estas figuras.
De las interacciones que desarrollo durante las visualizaciones con estas figuras, se deriva gradualmente la reprogramación de la computadora, permitiendo que nuevos marcos cognitivos y patrones de conducta sustituyan los conflictivos que me trajeron en primer lugar a terapia.
De ahora en más, iré posteando las transcripciones de algunas sesiones para ilustrar estos conceptos. Las sesiones que dé mi pudor para reproducir, o las que recuerde de manera adecuada para narrar, o las que tengan contenidos pasibles de ser vertidos en palabras.

Nos estamos viendo.