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viernes, 19 de marzo de 2010

Mamá y el Diablo - Sesión de autoconsulta al mazo viviente 31 - 10 - 09


Para descargar el archivo y leerte esto cómodamente en el baño, el bondi o la cama, hacé click acá.


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Está dicho que dentro del tarot, los Bastos representan el fuego en el barro: el instinto, la líbido, el deseo primal.
Que la Emperatriz es, en sí, el barro mismo que recibe el fuego del espíritu y lo sostiene en lo material. Es la madre, y es el cuerpo.
Y que el Diablo es la forma más remota, profundamente enterrada en la oscuridad de la carne y alejada de la luz de la conciencia, de esa misma chispa.
La que no conviene mirar mucho, la que trabaja mejor en la oscuridad del tabú.

El 31 de octubre de 2009, realizamos una nueva sesión de mazo viviente.
Originalmente la razón de realizarlos era la investigación, pero la ambición rápidamente me llevó a intentar usarlo en beneficio de mi propio desarrollo místico y espiritual.
Hoy día me parece, a esos efectos, una práctica excesivamente recargada de información sobrante, sobre todo en comparación con las performances cada vez más free jazz de Bert Hellinger.
Pero en el momento de querer allanar el camino de comunicación entre mi Yo Interno y el yo conciente, entre mi quinta y segunda línea, si algo de lo que estudié de I Ching está bien, esta parecía la mejor opción.

Paralelamente a estas disquisiciones, hacía varios meses ya que venía sintiendo que mi intención de mantener cierto estado físico y ciertas habilidades entraba en contradicción directa con mi disponibilidad de tiempo y energía para fines sociales, creativos y laborales.
Por un lado la coquetería, por otro la autoexigencia, seguía haciendo ejercicio pesado y sintiendo la frustración de postergar otras cosas sin conseguir afrontar la necesidad de elegir a qué abocar el monto evidentemente limitado de energía de que dispongo.

Llegó el día fijado para el mazo viviente y tropecé, o eso creí. Tati, quien siempre me acompaña y sostiene en estos proyectos me dijo con claridad después: “en el momento, lo que sentí es que era todo una maraña, pero que así debía ser, que era la maraña del momento y estaba en proceso de desenrredarse”.
El caso es que me costó incluso plantear a los compañeros el tema de trabajo: dieciseis personas que convoqué y respondieron por interés, curiosidad o simpatía ante las cuales balbucée algo así como que quería “alinearme mejor con mi Inner Self y pulirme como herramienta para tal fin”.

De cualquier modo arrancamos, con el sistema ya descripto: elijo siete representantes, y cada uno elige a ciegas una carta de tarot preparada con una cadenita para ser colgada al cuello. Me acerco uno por uno, los coloco en la posición que les toca dentro de la representación de la tirada llamada “Cruz Celta”, observo fijamente su carta unos instantes, y con eso, automáticamente y sin que se sepa todavía cómo ni porqué, cada uno empieza a experimentar emociones y sentimientos, incluso ideas muy definidas, que parecieron siempre estar en sintonía con las atribuciones tradicionales de los Arcanos Mayores del tarot, del mazo Rider.
Hasta esta vez, que no entendí nada.

En la teoría que vengo armándome, el Inner Self está representado en este mazo por la carta de El Mago. Así que me sorprendió mucho cuando salió como primer carta El Diablo.
Me sorprendió menos que fuera Mariela. Esa chica tiene un componente de bastos enorme, y de hecho, creo que nunca la ví representar otra carta. Y estuvo en todas las prácticas que hicimos de mazo viviente.

Ahorrando detalles, las cartas significativas para esa lectura fueron el Diablo en lugar central, el Mago (afortunadamente) motorizando la consulta en la posición de Lo que está Detrás, y La Emperatriz, extrañamente, oficiando de obstáculo o membrana, entre el Diablo y el mejor curso de acción posible, representado por El Colgado. Como la chica que sostuvo el Colgado no tuvo mayor canalización aparente, no comentaremos más al respecto.

El total de la situación no tenía sentido para mí, y la interacción entre las cartas, menos.

El Diablo se sentía particularmente triste, y se lo veía desvaído. Mariela estaba permanentemente aplacada y con cara de resignación ya desesperanzada. El Mago parecía afable pero demasiado volátil para lo que yo esperaba de él. Volátil en el sentido de que no parecía tener ninguna clase de dirección o necesidad propia, sino una especide de buena voluntad general hacia todos, que tampoco devenía en ninguna toma de postura firme, ante nada.

Y la Emperatriz, representada por Max, opinaba sobre todo.
La asocié primero con mi madre o figura materna. Después con la sensualidad en general, inflamando la naturaleza del Diablo y distrayendo al total del sistema de la instropección del Colgado. Pero tampoco es que me vaya tan bien en la vida como para poder decir que eso verdaderamente ocurre.

No conseguimos mayores avances en todo el trabajo: el Mago avalaba al Diablo, pero eso no parecía cambiar mucho las cosas, y la Emperatriz me sacaba de quicio diciendo abiertamente al Mago “no mientas”. No conseguía distinguir si este “no mientas” venía de la impulsividad de Max opinando sobre tarot, o de mi madre desvalorizando mi guía interna.
Lo otro que decía Max era “decí lo que tenés para decir”, al Diablo.
No llegamos a nada que me pareciera valioso. Califiqué abiertamente ese trabajo de “fracaso”.

Pasaron los días siguientes inmediatos, con un marcado bajón anímico que considero producto del exceso de ejercicio espiritual de esos días. Las sesiones de mazo viviente consumen mucho, y lo de trabajar sobre uno y después atender a otros no parece una práctica prudente.




Dos semanas después, aproximadamente, tendría en mi encuentro semanal con Alicia la experiencia denominada “Pink Floyd Mama”.
En ella se evidenció una imagen interna de mi madre literalmente monstruosa, pese a lo cual yo me encontraba deseoso de apego.
La devolución de Alicia al respecto fue “es lógico: querés tener una mamá que atesorar. Pasa que con la que tuviste, no podés. Ya vas a tener una mamá que atesorar, pero no ésta”.
Ya acostumbrado a no entenderla, me fuí sin intentar pensar en nada.

Esa semana decidí dejar un poco el deporte, porque estaba demasiado lleno de dolores y me estaba empezando a poner rígido. La solución era dedicarle más tiempo agregando ejercicios de estiramiento y relajación, o suspender todo y permitir que la relajación llegara sola.
Prometiéndome retomar en breve, suspendí por unos días.






















A la semana siguiente, la visualización fue bastante distinta.
Apenas empezar ví una carta de tarot, pero fué demasiado fugaz para retenerla.
Las primeras imágenes fueron de mucha luz, luego apareció una viejita, muy viejita, muy blanca, tapada por velos blancos. Parecía una ancianita que probándose un vestido de novia, se hubiera olvidado y salido a la calle. No se la veía, pero yo sabía que debajo del velo era distinta e igual a mi madre histórica, real. Yo también aparecía lleno de luz, y el centro de la escena estaba ocupado por una especie de estrella blanca, de la que irradiaba una catarata intensísima de luz blanca plateada.
Tan intensos eran todos los blancos, que las figuras se veían con claridad solamente porque yo sabía que estaban ahí y qué eran.

La distancia física de las figuras, la blancura de la luz y de todas las figuras, la sensación general del conjunto, daban una sensación de pureza previa a la calidez: en una secuencia intuitiva, sobre esto se podría basar la calidez aunque ahora no estuviera presente, o estuviera presente pero subsumida a sensaciones más intensas.
Pero tal vez esto sea algo que digo al momento de escribir, ya cuatro días después de la visualización.

Toda la escena parecía la foto de un matrimonio en el altar, pero la sensación era la de un encuentro o reencuentro. Pero uno tan profundo que la idea de matrimonio, por más que esa figura fuera mi madre, no sonaba fuera de lugar.



En algún momento, antes o después de lo que viene ahora, ví un muro negro, o la oscuridad misma, de frente. Y como si una puerta vaivén la hendiera, se abrió de par en par la oscuridad, dejándome ver que detrás suyo estaba La Sacerdotisa.
Tuve durante un largo segundo el diálogo silencioso que se tiene con las figuras de las visualizaciones. Fué una charla similar a la que tuviera con mi sombra, pero sin el pacto de respeto mutuo: supongo que con La Sacerdotisa no es necesario pactar. Tras lo cual se volvió a cerrar la oscuridad, pero esta vez con el conocimiento de que, detrás, estaba siempre ella. Quedó en mi una sensación de confianza desprovista de alarde.

Lo siguiente fue un poco más preocupante, porque aparecí en lo que habitualmente es el jardín de mi casa en este espacio de visualizaciones, transformado en el león que Candela nos diera en el seis de bastos, una especie de versión amable de La Bestia del cuento, y a mi lado, me quiero matar, la Bella, encarnada por una figura con la misma cara exacta de un amor fracasado que tuve. Que no tuve.
Paseábamos por el jardín, yo la presentaba a todos los personajes que habitan el jardín de mi casa. En algún momento simultáneo pero previo, privado e íntimo nos abrazábamos y besábamos con una ternura que nunca alcanzamos en la realidad.

Preocupado, pregunté más tarde a Alicia qué significa la aparición de una persona concreta en una visualización, porque en tres años, las caras concretas que aparecieron fueron cinco: mis padres y hermano, mi tía, y ella. Dos veces, ella.
Alicia respondió que una opción es que simbolice el tipo de mujer que me interesa en este momento. Que eso puede cambiar cuando termine de corregir mi imagen femenina interna.
Yo, en su lugar, tampoco le diría a nadie “es que es ella, boludo!!”, porque uno nunca sabe.
Pero por no perder la costumbre, ni traicionar el juramento que alguna vez me hice de asumir ciertas premisas y vivir en consecuencia, en algún momento deberé acercarme a ese costado de la realidad.
Por ahora no tengo apuro.

Lo último que viera ese día fue un ejército de cruces negras que se iba a través de un portal en el espacio. El portal era sostenido por un pegaso. Pero la sensación interna era y sigue siendo la que aprendí a reconocer como propia de una visualización sobrante, sin validez simbólica ni eficacia y propia de mi tendencia a seguir más allá de donde el combustible psíquico sostiene un trabajo verdadero. Las que llamo “degradadas” por ser igualmente intensas en lo visual, a veces más impactantes incluso que una visualización “posta”, pero con un dejo de sabor a plástico.

Tres días después, tres noches mejor dicho, desperté antes del amanecer con la extraña sensación de que estaba a punto de perder algo si no hacía algunas abdominales. No había angustia ni presión: era simplemente la constatación, la certeza de un hecho cercano, probable: si no hacía algunas abdominales a más tardar ese mismo día, perdería algo.
Me tomé un rato de preguntar, desde el sentir, qué sería ese algo que se perdiera,y me llegó la imagen de la rigidez muscular propia del ejercicio.
Ya hacía algunos días que las mayores contracturas se habían ido, y ahora estaban apareciendo el cansancio y las sensaciones sencillas, cotidianas, que durante varios meses estuvieran anestesiadas por el dolor y la exigencia.
Y simultáneamente, al imaginar la dureza yéndose, noté la sensibilidad de la blandura.
Recordé lo que siempre supe: tener un abdomen blando implica sentirlo.
Sentir las tripas.

Ya conté en otro lado el desarrollo paulatino, durante dos años, de sensaciones en el área de mi pecho y plexo, y las asociaciones entre eso y todo lo emotivo y sensible, lo que llamo “la función de copas”. Rápidamente, desde el inicio de terapia hasta hace un tiempo, mi pecho pasó de ser un espacio relativamente rígido y poco sensible a ser espacio de muchas sensaciones vinculadas a lo cotidiano: integré las sensaciones del área del corazón a mi vida diaria.
Sabiendo que el objetivo final del sistema de Alicia es la reconexión de cada persona con su naturaleza individual más básica y pura, me pareció totalmente coherente que el siguiente paso fuera hacia abajo: los bastos habitan el abdomen y la pelvis, ir bajando de mente a sentimiento, de sentimiento a instinto..
El instinto, lo que define el deseo primal de cada persona, vive en el fondo del vientre.
Donde está el Diablo.
Mi pobre Diablo, tan ignorado. Tal vez con algo para decir, sepultado bajo una mala relación con mi madre y con mi cuerpo, bajo la ignorancia de la represión y la disciplina.

Entendí, creí, pensé, está por verse qué hice, que una madre bien aspectada significa más dulzura que exigencia, que es una forma dulce de sentir el cuerpo: no más dolor. No más cansancio sino el reposo, la regeneración del pecho y muslos maternos.
Y obviamente, al sentir con amabilidad, con amor, mi cuerpo, lo que sea que está en el fondo de mi vientre tendrá permiso para salir.









Ilustración: Luciano Vecchio.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Sexta sesión de mazo viviente – autoconsulta, segunda parte, y el trabajo que sí salió bueno.


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Hace unos seis meses, aproximadamente, realicé un trabajo con el mazo viviente, buscando modificar un aspecto caprichoso y tiránico de mi naturaleza, que sentía con mucha claridad que me impedía ejercer el “fluir con la vida”.

Este aspecto de mi naturaleza es el que intenta permanente que la vida se adapte a una agenda, a una planificación intelectual cuyo peor problema es que no sólo es totalmente rígida, sino que es muy rápida y sencilla de hacer: puedo armar una agenda para todo el año en cinco minutos, y pasarme luego el resto del año sufriendo por las discordancias entre las acciones planificadas y las necesidades reales.



La opción para intentar solucionar esto fue ambiciosa: en el curso de tres años de terapia con Alicia Valero y de varios estudios autodidactas sobre psicología junguiana, magia occidental, i ching y tarot, me fui familiarizando lentamente con la figura del “yo interior” o superior.
Esta figura vendría a ser algo así como el “testigo” de Castaneda: una porción del subconsciente que tiene el total de la información objetiva sobre la situación que una persona vive, permanentemente.

En teoría, uno puede, a través del adecuado trabajo de limpieza y modelado de sí mismo, comunicar con esta figura para conocer el mejor camino de acción en cada momento.
Esta comunicación, como se vincula al contacto con la realidad objetiva, obviamente, implica una agilidad mental bien distinta de la planificación rígida.

Y, por otro lado, si la teoría es correcta, el Inner Self es una porción de la psique con mucha más capacidad para determinar el curso idóneo de acción que la mente conciente regular.
Así que convendría que la mente conciente regular se corra del lugar de capitanear la vida del total de la persona, y se ponga en el lugar de, en términos del I Ching, “funcionaria del príncipe”, con respecto al Inner Self.

Uní esta especulación teórica a las otras que sustentan la práctica del mazo viviente: las ideas de que los Arcanos Mayores del mazo Rider son descripciones fidedignas o al menos útiles de aspectos objetivos de la psique, y la de que las sensaciones que experimentan los representantes reflejan verdaderamente estados psíquicos de la persona representada, junto a la de que las interacciones entre los representantes revierten sobre la psiquis del consultante (persona representada).

El total de todas estas ideas implica que, a través del mazo viviente se puede lograr un modelado psíquico que me podría ayudar, en este caso, a deponer mi actitud rígidamente controladora y volverme más sensible a las directivas de mi Inner Self.



Al realizar este trabajo, la configuración final resultó en el relevamiento de la figura del Emperador de su rol director, siendo reemplazado por La Fuerza. Dado que en el momento del trabajo, la manifestación del arcano La Fuerza se asemejaba enteramente a la noción de “energia vital”, la interpretación fue de que sería mucho mas acertado, fluído y en consonancia con la vida que el rol director lo ocupara esta figura que el Emperador, cuya rígida voluntad de dominio y mando asocio a la característica que justamente quería modificar.
Pasé unos meses en incertidumbre hasta sentir, paulatinamente, que el trabajo sí había sido realizado y que mi actitud preconciente verdaderamente había cambiado. En este tipo de cosas, se nota fácilmente cuando la actitud preconciente cambia, por la disminución en el stress general. Las respuestas impensadas a los acontecimientos cotidianos son claras, y claramente diferentes de las previas.

Es definitivamente cierto que estoy en términos generales más relajado y “sueltito”.



Me pareció en cierto momento adecuado profundizar el trabajo, y convoqué a los amigos y experimentadores de siempre más algunos nuevos, para que me ayudaran.

La intención era trabajar mi sensibilidad a los mandatos del Inner Self, y al mismo tiempo tratar de volver la personalidad cotidiana más capaz, transparente e íntegra para su servicio.



Probablemente fuera muy ambicioso, porque no entendí nada de lo que ocurrió, y todavía estoy recopilando testimonios de los participantes para ver si se me cae una idea.
Lo realmente notable, es que apenas empezamos se me fueron absolutamente todas las ganas de trabajar, y no conseguí volver a juntar un mínimo hasta la tercer consulta.

Al comenzar mi propia consulta, que fue la primera, pensé muy seriamente si decirle a las 16 personas allí presentes “gracias por venir, pero adiós”.
Por un mínimo de especulación a futuro, para mantener la credibilidad ante ellos (y porque uno de los presentes es mi primo, en cuya casa estoy viviendo ahora), elegí continuar como pude.
Se realizaron ese día cuatro consultas, incluída la mía, que no voy a contar ahora, y probablemente nunca, al menos hasta que me haga una idea narrable de ella.
La segunda y tercera tienen cada una sus detalles, pero la que realmente me gustó por varios motivos, incluído su potencial (o facilidad) narrativo, es la cuarta y última.

Que probablemente sea la última de veras, porque no parece que volvamos a realizar sesiones con el mazo. Y tiene cierta belleza, porque fue la consulta de Marie, quien fuera también la primer persona (del universo!) en utilizar el potencial del mazo.



La dinámica del mazo viviente es idéntica a la de Constelaciones Familiares o Terapia Gestáltica: una persona (el consultante) elige a otras (representantes) para que cubran el rol de cartas en su consulta.
Dispone a las personas que elige según una representación tridimensional levemente adaptada de la tirada tradicional de tarot llamada la Cruz Celta.
En esta disposición, la primer persona se coloca en el centro del espacio, lugar que representa en sí mismo a “La consulta” o tema de trabajo en sí. El representante elige a ciegas de un set de 22, un accesorio consistente en una cadenita que va al cuello y sostiene una tablita en la cual está pegada uno de los 22 arcanos mayores, y se lo cuelga al cuello.
El consultante lo coloca en su lugar y, manteniendo contacto físico con el representante, se concentra en la figura del arcano durante unos segundos. A partir de allí, el representante es imbuído de sensaciones referentes al estado del aspecto psíquico representado por el arcano, para esa consulta, en esa posición particular.

Hemos encontrado consistencia en las sensaciones que produce cada carta en diferentes consultas, así que parece haber un patrón de identidad regular que definiría cada carta, verdaderamente, como poseedora de existencia objetiva y de un perfil de sensaciones propio.
Falta corroborar si esta consistencia se repite según los consultantes, lo que indicaría un perfil de la carta para esa persona, o si es independiente de ellos, lo que indicaría una existencia objetiva y universal.



Las siguientes posiciones del núcleo de la tirada son “Lo que cubre”, fuerza que influye directamente sobre “La consulta”; “Lo que cruza”, posición que originalmente pensamos que sería el obstáculo entre “La consulta” y la posición de “Lo que está por encima” (que representa el mejor curso de acción posible dadas las circunstancias), pero que regularmente termina siendo más bien puente unas veces, o una especie de membrana que mantiene al mismo tiempo conectados pero delimitados diferentes órganos psíquicos que actúan de esa manera en conjunto pero sin perder identidad.

Las restantes posiciones son “Lo que está por encima”, por debajo, detrás y delante de “La consulta”, señalando como dijimos, el mejor curso de acción posible dadas las circunstancias, la posición desde la que el consultante está trabajando o viviendo el asunto, el aspecto de la persona o situación que motoriza la consulta o trabajo, y el objetivo o futuro probable, respectivamente.
En cada posición va un representante, con su respectiva carta o lamen colgando.



Mariela quería trabajar un aspecto específico de su vida romántica y, en términos más amplios, afectivos: cierta intolerancia a la ambigüedad y a las medias tintas irresueltas, que la terminaba llevando a un “todo o nada” que, en este momento, le resultaba insatisfactorio y violento como resolución.


Eligió entre los presentes y quedaron:
 en la posición de La Consulta, Emanuel con Los Enamorados.
 en la posición de Lo que Cubre, Carla, con La Torre.
 en la posición de Lo que Cruza, Keki con La Templanza.
 en la posición de Lo que está por Encima, Martín con El Loco.
 Lo que está por Detrás era Jime, con El Carro.
 Lo que está por Debajo era Ale, con La Fuerza.


Hasta acá, la lectura parecía simple y auspiciosa: la pujanza y el deseo de conquistar la vida de Marie (representados por el Carro con Jime) empujaban un trabajo referente a su maduración sexual y afectiva (Ema, Los Amantes). Esta maduración estaba atravesando una etapa de crecimiento brusco y fuerte (La Torre) cuyas nuevas necesidades chocaban con las viejas prácticas, y la mejor actitud al respecto parecia ser la falta de intención y el goce del presente (representados por Martín, en Lo que está por Encima, con El Loco).

No se me ocurrió manera de que La Templanza cruzando entre La Consulta y Lo que está por Encima fuera otra cosa más que una ayuda (de hecho, posiblemente la mejor posible, dado el tema de consulta), y que Lo que está por Debajo fuera La Fuerza me pareció, también, maravillosamente auspicioso: la vitalidad misma dando apoyo a un proceso madurativo es como... lo más correcto posible, el verdadero orden natural de las cosas, pensé.

El único problema, y que se reveló como un hueso duro de roer, fue la última posición, Lo que está por Delante, a donde fue a parar José con el Lamen de El Ermitaño.

El chequeo de sensaciones entre los participantes (acercarnos Tati y yo, los coordinadores, a cada persona y preguntar “¿cómo te sentís?”) indicó una sensación general de fuerza y malestar conjuntos, hasta llegar a José.

Su gesto facial se había vuelto sutil pero notoriamente triste y desvencijado, una impresión de autoconmiseración y resignación que fue exactamente lo que dijo sentir.

Un gesto de Jime me hizo preguntarle qué le hacía sentir escuchar a José decir eso, y su respuesta “me enoja escucharlo”.

Parecía totalmente lógico: el empuje del Carro desde Lo qu eestá Detrás caía en línea recta en el agujero depresivo que creaba en la posición de Lo que está Delante esa actitud del Ermitaño, y le resultaba inaceptable.

Varias figuras más manifestaron su desagrado ante el sentir de José.
Su respuesta, invariablemente, era “si, tienen razón, pero ¿qué le voy a hacer? Esto es lo que siento”, junto con una actitud, a veces explícita, de “y si no les gusta a mí que me importa”. La impresión de fondo era una larga costumbre de ser rechazado por sentirse mal, y una resignación absoluta a ese bucle, a ese círculo vicioso de depresión – rechazo – soledad – desprecio adaptativo por los demás – más soledad consecuente – más depresión consecuente.


El único que se sentía bien permanentemente – al principio - era Alejandro, consistentemente con manifestaciones pasadas de La Fuerza. De la misma forma, varios representantes dijeron sentir que Ale “estaba con todos ellos” o “los acompañaba a todos”. Esta sensación era compartida por él.


Todos se sentían muy bien, también, con Martín como El Loco, así que propuse acercarlo a El Ermitaño, con la esperanza de que la cercanía produjera un pasaje de “carga positiva” por así decir y, o El Ermitaño se sintiera mejor, o los demás lo miraran con mejores ojos.
Pero pasaba el rato y no esto no ocurría. De hecho, todos manifestaban sentir una clarísima separación, como si hubiera una frontera física, entre el total del sistema y José. En la medida en que Martín se aliaba con él, también quedaba excluido, pero a diferencia de José, los demás representantes querían sentirlo incluído en el sistema.

En algún momento pensé en excluir a José de la constelación, dado que era la única figura que se sentía mal, pero de alguna forma, no me parecía lícito. No sólo era Lo que estaba por Delante: también me resultaba instintivamente necesario incluírlo en el sistema, darle un lugar de contención.
Probablemente esta necesidad estuviera incentivada por la sensación, que José también corroboró de modo explícito, de que su actitud se correspondía con la de un nene enfurruñado, y las opciones que nos deja esa actitud en el trato con un verdadero nene enfurruñado puesto a nuestro cuidado. Simplemente, no se la puede ni asentir, ni contradecir, ni ignorar: se la debe resolver de alguna manera que asegure la contención de ese niño.


Resumidamente, los intentos de conciliación entre José y el resto del sistema fueron largos y difíciles, en cierto momento me sentí sin más herramientas disponibles, y era cierto: si no fuera por Tati, la cosa habría quedado irresuelta (ventajas de trabajar con una genia: recomiendo a cualquiera que se quiera mandar a investigar este tipo de boludeces que se consiga una, o va frito).

Algo que nos enteramos más tarde, fue que ese largo rato de intentos infructuosos, lo pago Ale sintiendo diversos dolores y manifestaciones de cansancio, irritabilidad y agotamiento.
Síntomas todos que se disolvieron instantáneamente apenas Tati puso al Loco detrás de El Ermitaño, patronizándolo a la manera de Constelaciones Familiares, cosa que, si bien no logró que la sensación subjetiva de José variara, sí tuvo el efecto de que el resto del sistema, entero, sintiera más agrado ante su presencia.
El siguiente movimiento que propuso Tati fue poner a Martín, desde esta posición patronizadora, como medio entre Los Enamorados y El Ermitaño.
Es tan brillante que todavía me hace cosquillas: el niño interno aceptando afrontar la sensación de soledad como parte de un proceso de maduración afectiva es... es... es TAN lo mejor posible, que no se me hubiera ocurrido en un millón de años.


Incluso José sintió la mejora de esta posición, y todos los demás representantes manifestaron ya no sentir más separación entre ellos y él. Seguía con el gesto melancólico, pero decía sentirse en general,menos triste.
Pusimos a Keki con La Templanza enfrente, y a Ale detrás del Loco, formando una cruz. Keki manifestó sentir “una corriente, un flujo” entre ella y Ale que atravesaba a Martín, dando una sensación general de correción y esperanza. Al costado de esta cruz quedaban Los Enamorados y El Carro, alineados. Todo el sistema manifestó al mismo tiempo bienestar y sensación de algo aún irresuelto.

Pregunté a Carla, La Torre, si se sentiría honesta asegurándoles a todos que ella se ocuparía de terminar de disolver las reticencias, y dijo “es exactamente lo que estaba pensando: esta separación no puede durar, se va a ir sola”.


Que el sistema acepte de buen grado lo que está en el futuro inmediato es siempre un logro sano. En este caso, era un logro de cierta tristeza, porque la maduración emocional implica reconocer y aceptar los momentos de soledad y el miedo a ella, pero lo considero tan totalmente necesario y eventualmente abridor de nuevas puertas, que parecía un cierre razonable.

Disolvimos la constelación e hicimos una resumida explicación de los movimientos vistos, en la cual hablé de cómo tras experiencias de mucho dolor algunas partes del sistema quedan tan dañadas, que su recuperación es tan difícil que probablemente no quieran saber más nada de nada, y quedan lastrando al resto del sistema. Y de cómo la interacción entre estas partes y el resto del sistema puede llegar a cotradicciones tan agudas y profundas, que se desarrollen a expensas de la fuerza vital del organismo, causando los síntomas que sufriera Ale hasta que la contradicción se resolvió.

Y de cómo, afortunadamente, en este caso el sistema estaba lo bastante íntegro, decidido y apoyado por la naturaleza del momento a dar el siguiente paso madurativo como para poder integrar a esta parte herida en su seno hasta que el tiempo y las experiencias concretas le permitan encontrar su lugar y estado verdadero.
Algo en todo eso me emocionó un poco y me sofoqué momentáneamente.

Luego, tras cuatro consultas seguidas en el sótano del centro Vitriol, agotados, disolvimos la reunión y retomamos cada uno nuestras vidas.

Me quedó cierta alegría por tres trabajos exitosos, frustración y confusión por el mío propio, muchísimo cansancio que pagaría en los días siguientes con una sensación aguda de nihilismo y pérdida absoluta de sentido, y la sospecha de que no vamos a volver a repetir sesiones de mazo viviente, nunca más.
Así que, a menos que encuentre o invente otras maneras de investigar vivencialmente la arcania, es posible que este blog haya llegado a su fin.

viernes, 30 de octubre de 2009

Sexta (o algo así) sesión del Mazo Viviente

Para los que saben:
el
SABADO 31 DE OCTUBRE
a las
15:00 HORAS,
en el Centro Esotérico VITRIOL,
AV. RIVADAVIA 5283, LOCAL 28
realizamos una
SESION DE MAZO VIVIENTE,
están invitados a participar,
solamente tienen que confirmar con seguridad su presencia,
por el tema del espacio,
y ser puntuales,

(por el tema de que si no, me enojo).



Para los que no saben: con Tati venimos desarrollando desde el año pasado una forma de trabajo psíquico basada en elementos de terapia gestáltica, constelaciones familiares, y tarot.
Esta dinámica se aplica más fácil de lo que se explica pero, en términos de Bert Hellinger (el creador de terapia de constelaciones familiares) es exactamente asi:

"(constelaciones familiares)... es un método en el que personas ajenas son elegidas como representantes de miembros de una familia y luego ubicadas en el espacio en relación entre sí. Repentinamente esas personas sienten lo mismo que las personas verdaderas, sin que las conozcan. Es decir que existe un conocimiento que va mucho más allá de lo que consideramos comunicación común."

Es bastante mágico, si.
En el mazo viviente se aplica la misma dinámica, levemente modificada: la persona que hace una consulta elige representantes, que también sienten repentinamente lo que siente la persona representada, pero en vez de hacerlo ocupando el rol de un familiar de esta persona, ocupan el rol de una carta de tarot.

Esto nos permite trabajar sobre la perspectiva y sentimientos de la persona hacia el tema que consulta, de manera muy intensa y profunda.
Ya realizamos cuatro experiencias, esta va a ser la quinta.

El encuentro es gratuito, yo mismo voy a usarlo para consultar/trabajar un tema personal.

Si te interesa participar, para ver de qué se trata, para repetir la experiencia, para ayudarme a trabajar el tema de consulta o para consultar /trabajar temas tuyos, confirmá tu presencia en muduriaga@hotmail.com o al 15 61 70 79 44, para reservar el lugar.

Acordate que el lugar es chico, por lo que es importante que las reservas se cumplan.

Gracias desde ya,

Rogelio.

En un par de semanas, la transcripción de lo que pase mañana.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Autoconsulta al mazo viviente


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Empecé como terminé: algo preocupado.
Tras dos experiencias con Tati y el Mazo Viviente, habíamos determinado que efectivamente, algo ocurría, y algo bastante fuerte.
Las experiencias en detalle hasta esa fecha serán objeto de otro texto, pero alcance con decir que representantes, representados y testigos teníamos certeza objetiva de haber experimentado durante las sesiones un flujo de sentimiento intenso, por momentos sobrecogedor.

Y habíamos decidido lanzarnos con Tati al mercado, haciendo sesiones aranceladas.
Pero nos faltaba experiencia propia, y no teníamos donde buscarla: somos los únicos que hacemos esto.
Así que sólo quedaba el camino de la autoconsulta.

Armamos para esto un encuentro con amigos, previsto para un sábado, y estuvimos un par de semanas preguntándonos qué consultar. Cuál sería la temática y la forma de aproximación más adecuada para tan inusual ocasión.

El lunes de la misma semana, en terapia, tengo una visualización donde me encuentro llenando con todo tipo de objetos una inmensa bolsa, demasiado grande para cargarla uno por todos lados, pensaría más tarde, y dándosela a mi “guía”.
El desarrollo de la figura del guía fue uno de los puntos conflictivos en terapia. Alcance hoy con decir que terminé aceptando la idea, y que hoy considero al guía como un equivalente del Inner Self.
Tras entregar a esta figura esa bolsa gigantesca, experimenté una sensación de vacío que ya conocía de otras sesiones, y tenía identificada con el efectivo abandono o liberación de estructuras psicológicas.
La liberación siempre tiene, al principio, esta sensación de vacío.
A esta altura, es casi un reflejo no intentar llenar ese vacío con nada, y esperar lo más equilibradamente posible a que se llene por sí mismo.

Pero esta vez, me dió una idea de qué consultar el sábado siguiente, y me pareció hasta adecuado remachar algo tan poco natural para mi, tan contrario a la dirección tradicional de mi vida.
Así que decidí trabajar a través del mazo el profundizar la entrega de las riendas de mi vida a mi Inner Self, abandonar el intento del controlar el devenir desde la mente conciente.

Tenía dos o tres motivos para estar asustado.
Uno era el tema en sí mismo, con la eterna preocupación de que “si no me ocupo yo-mente-conciente de mis cosas, ¿entonces quién?”. Prefigurar semejante acción en mi subconciente, como creo que efectivamente trabaja el mazo viviente, era todavía una acción contraria a mis reflejos adquiridos.
Otra era la posibilidad de error: sería la tercera vez que coordinara este tipo de trabajo, y lo hacía justamente para obtener experiencia. Era totalmente posible cometer errores tontos, por inexperiencia.
Y no hay ninguna clase de manual para esto: me toca a mí escribirlo, probablemente.
Finalmente, lo que más me preocupaba era que la posibilidad de error se veía acentuada por un factor que no sabía cómo jugaría: la somatización inmediata de los representantes y su posible reflujo sobre mi.

La idea base, recordemos, es que por un mecanismo aún desconocido e inexplicado, pero ampliamente experimentado en terapia gestáltica y de constelaciones familiares, una persona puede pedir a otra que represente una parte de un sistema propio: en gestáltica se suele pedir a varias personas que representen diferentes órganos de una misma persona (estómago e hígado, pulmones y riñón, por ejemplo) que es el sujeto que “trabaja” en términos terapéuticos. En constelaciones familiares el sujeto pide a los otros que representen figuras de su historia familiar (padre, madre, o roles más abstractos como “la violencia en mi familia”). En esta dinámica una persona, el “consultante” pide a otros que representen las cartas de tarot (sólo Arcanos Mayores del Mazo Rider) que saldrían en una hipotética lectura de cartas.
Más detalles, acá.
Regularmente, las personas que representan experimentan sensación y emoción vinculadas a la historia de la persona que consulta. Y, de alguna manera, por este mecanismo inexplicado, esto revierte a largo, corto y nulo plazo, sobre el consultante, permitiendo teóricamente que la evolución y armonización de las relaciones que se manifestaran entre las cartas, se reproduzca en el consultante.
Lo que me asustaba era lo de “nulo plazo”.

En una de las experiencias previas Marcela, consultante, contó al terminar que, mientras se efectuaban los movimientos de las figuras dentro de la constelación de cartas, ella experimentó sensaciones fuertes de cambios de temperatura y contracturas súbitas, tan dolorosas que llegaron a hacerla temer un desgarro en el hombro.
Santiago, representante, manifestó mareo, pérdida de orientación y reducción de la lucidez.
Varios otros representantes tuvieron taquicardia y sensaciones de ahogo, hasta que se consiguió en todos los casos, mejorar la relación entre las cartas representadas y la sensación general se alivió.

“Si llego a experimentar algo así en el momento de tener que tomar una decisión, es bien posible que no lo haga bien”, me planteaba.
“Y si además, entre el miedo al abandono y el miedo a la experiencia puntual que tengo, se proyecta esto sobre los representantes, es seguro que el sistema entero sienta miedo. Si eso revierte sobre mi, multiplicado por siete representantes... de rulos así están hechos los ataques de pánico”, pensaba y, si bien nunca fui propenso, en este caso me parecía un riesgo probable.
Confio plenamente en Tati, pero la idea constantemente es copilotear, y alcanzaba, sin ir tan lejos como el ataque de pánico, con que experimentara un mareo ó pérdida de lucidez, para que mi capacidad de tomar decisiones adecuadas cayera a pique, y la dejara sola al mando.

Afortunadamente no ocurrió: debe haber alguna clase de válvula o circuito de seguridad que cerró el retorno de sensación, porque no sentí nada de lo que sintieron mis representantes.
Ni siquiera cuando me equivoqué de la manera más tonta posible.

Dado que no confiaba en mí mismo para elegir representantes sin sesgo de intención, cerré los ojos mientras Tati los distribuía por el espacio. Luego recorrí a ojos cerrados, tomando a quienes me tropezaba y numerándolos.

Al abrir los ojos, resultó que Ceci, la persona que hubiera elegido para representarme en la lectura había sido la primera con que tropecé. De haberlo hecho a ojos abiertos probablemente habría pensado que estaba tratando de forzar las cosas y me hubiera obligado a elegir a otra.
Al colocarla en su lugar, descubrí que la carta que se había colocado era El Mago, la figura que hoy día pienso que representa, dentro del mazo, al Inner Self.
Me pareció un buen augurio.
En la posición de “lo que influye directamente” estaba Merlina, con El Sacerdote. Asumí que simbolizaba directamente mi permanente hablar y hablar y explicar todo, incluso lo que no entiendo.
Ceci se sentía bien pero un poco débil, y Merlina sentía la necesidad de protegerla.
“Interesante” pensé, “pero bastante cercano a lo que quiero que deje de pasar”
En la posición de “lo que cruza” estaba Analía como El Sol.
En la posición de “el mejor curso de acción posible”, La Fuerza, representada por Viviana.
Seguían pareciendo buenos augurios, aunque Viviana dijo sentirse “lejos”.

En la posición de “lo que está detrás”, Luciano, con Los Enamorados, que manifestó en sus propias palabras “un regodeo perverso en que las demás cartas estén en conflicto”. Todavía le estoy buscando la vuelta para entenderlo, creo que apunta a mi relación con mi madre.
Por delante, Iris con La Estrella, y una sensación de ahogo en la garganta, que mejoró durante la sesión pero no se fue.
En la base, el lugar donde el consultante está parado, Marcela con El Emperador.
“Absolutamente cierto”, pensé.”Y otra vez, exactamente lo que busco dejar de hacer”. Imperar.
El Sol se sentía perfectamente bien, pero alejado de todos y sin conexión.
“Los veo a todos como ahí abajo”, expresó.

Tras un rápido testeo de relaciones y estados, sugerimos a Ceci que planteara al Sacerdote “me vas a acompañar hasta que tu función se acabe”. Ambos estuvieron de acuerdo, aunque les dió cierta tristeza pensar en el fin y la separación.
A Luciano, en cambio, le pedimos que le dijera “ya no tenés influencia sobre mi”.
Luciano se sorprendió un segundo y dijo “mierda, es cierto”.
Entre un movimiento y otro, fuimos acercando e integrando en la constelación a La Fuerza, que se sintió bien en todas las posiciones en que la pusimos, y cambiando al Sacerdote de lugar.

En cierto momento, más que nada por alejarlo del Mago para ir diluyendo su influencia, y sin querer ponerlo ni en el pasado ni en el futuro, lo pusimos al lado del Sol, teniendo yo en mente la vaga idea de que “se entretenga dando algo de estructura y discurso a la luz”. Al Sol no le molestó en absoluto. De hecho, no parecía posible que algo lo molestara: siempre que le preguntamos cómo se sentía, decia “bien”, y hacía un gesto con la mano que sugería una órbita tan acertada y justa que fuera inamovible por poder universal.
Merlina se sintió en principio bien, e inmediatamente agregó “pero me apareció una sensación de contractura en los hombros, como un peso”.
Lo asumí como el peso de su función actual, acentuado por el momento, y me concentré en la Fuerza.

Decidimos arriesgarnos al movimiento más ambicioso posible, que es mandar a la carta que aparezca en el lugar de “el mejor curso de acción posible”, a la base.
En este caso a La Fuerza, el lugar del Emperador.
Sonaba perfecto.

Al colocar a Liliana en la base e interrogarla acerca de su sentir, dijo con sorprendente claridad: “la palabra que me define es “soberania”: en cualquier lado que me pongan voy a estar bien. Yo estoy acá en todos lados, en todos ellos, los circulo y contengo a todos, estoy en todos. En cualquier lado estoy bien”.
Algo shokeados por una declaración tan contundente, decidimos dejarla en compañía del Emperador, a ver qué tal se llevaban. Marcela manifestó cierto recelo y curiosidad simultáneos, pero se bancaba compartir el espacio.

Y en eso, de modo absolutamente imprevisto, Merlina rompió a llorar.
Inconsolable.

Al preguntarle qué le pasaba, sólo podía decir “no sé, pero me siento muy mal”.
Tati no tuvo mejor idea que mandarme a buscar karilinas. “Están sobre la cómoda”.
“¿Justo yo?” le digo, pero si, no había otro que conociera la casa, así que fui.
Al volver, ya Tati había separado un poco a Merlina, y para nueva sorpresa, Viviana dijo en voz alta y vibrante: “Yo sé lo que le pasa”.

Y explicó, en tono un poco de urgencia y un poco de reproche: “Ella (hablando del sexo de Merlina, ya que no de su carta), es un ser humano, una persona. El (señalando a Analía con la carta de El Sol), no”.
“Pretender que se ponga a su altura, solamente intentar que se ponga al lado, es una exigencia que no puede cumplir, y la hace sufrir”.
Me pareció tan cierto que no entendí porqué no lo habia visto antes, y me hizo aparecer en la mente una imagen: todas las cartas ahí, incluso las solares como El Emperador, estaban representando aspectos humanos. Cosa lógica, asumiendo que eran proyecciones de mi propio subconciente.
Excepto la Fuerza, que estaba representando la porción de mi que corresponde a la fuerza vital más elemental y básica. Por eso estaba en todos los representantes, obviamente: porque está en todo mi ser. E incluso, dado que la fuerza vital, el chi, el prana, no es patrimonio mío sino de todo lo viviente, esta manifestación tenía características de ser no sólo proyección de algo mío, sino de algo más universal, algo que me trascendía de manera horizontal, saltando de mi a mis vecinos, y a todo lo que se pose sobre el mundo. Es, en este sentido de exceder en forma horizontal mis límites y atravesar y unificar la frontera de mi ser con la del resto de los seres viventes, extrahumana.
Y esta naturaleza dual, de estar al mismo tiempo en cada uno y en todos los individuos, le permitía tener una doble perspectiva, acerca de lo humano y lo extrahumano, que le permitía ver con claridad lo sobre humano y su distancia, y el desacierto de intentar colocar al Sacerdote, mi pequeña capacidad de chamuyar, a la par del Sol...
Devolvimos a Merlina a su lugar al lado del Mago, y se sintió mejor. Todos se sintieron mejor.

Excepto el Emperador que, tras una larga exposición a la Fuerza, y en base a las mismas ideas, supongo, en cierto momento dijo claramente, aunque muy turbado: “siento que no tengo ya más nada que hacer acá”. Así que lo pusimos mirando fuera del grupo para excluírlo del sistema, a lo cual todos, nuevamente, suspiraron aliviados y manifestaron sentirse mejor.
Era un buen lugar y momento para terminar el trabajo, así que ahí quedamos.
Al rato, me maravillaron dos cosas.
Una era no haber sentido absolutamente nada, ni siquiera cuando Merlina se largó a llorar.
La otra era entender, o creer que entiendo, perfectamente, de dónde y cómo salieron todos los factores humanos que participaron: mi tendencia a la imposición autoritaria y caprichosa, a la explicación y la demostración extrovertida de conocimiento, mi Inner Self, mi sexualidad inmadura y conflictiva, e incluso el extrahumano de La Fuerza, pero...

... ¿qué hacía el Sol, en mi cabeza?.

lunes, 2 de marzo de 2009

Performance abierta del Mazo Viviente

El nombre cambia según el humor, de "Constelaciones de Tarot" a "Mazo Viviente" o "tarot Humano", pero es lo mismo (ver acá, por las dudas).

Este jueves, a partir de las 19:00, en el Axel Hotel, Venezuela 641, performance abierta del mazo viviente, en la muestra plástica del Proyecto TC, dentro del marco de los "Arty Thursday" del hotel.

lunes, 2 de febrero de 2009

Primer sesión de tarot viviente del año - 21 de febrero

El sábado veintiuno de febrero, de 18:00 a 21:00 horas, se realizará en la Academia Biosférica, Olleros 3268, la primer sesión del año de constelaciones de tarot.

Informes, preinscripción y matrícula, días 16, 17, 18 y 19 de febrero, en academiabiosferica@gmail.com - info@academiabiosferica.org
o 4554 3451.

Importante: la asistencia está sujeta a la reserva de cupo. La matrícula garantiza la reserva de cupo.

Los encuentros son bimestrales. El siguiente se realizará el 18 de abril 2009.
Se ruega asistir quince minutos antes de las 18:00, a fin de comenzar la actividad puntualmente.

Constelaciones de Tarot: descripción de la dinámica

Una sesión de constelaciones de tarot se desarrolla de una manera bastante similar a una de constelaciones familiares, con dos diferencias fuertes: el consultante no elige representantes en función de su sistema familiar, sino en función de su sistema psíquico, subdividido en funciones según los roles de los veintidós arcanos mayores del mazo Rider, y no los dispone de manera libre en el espacio, sino en posiciones prefijadas que reproducen en tres dimensiones la disposición de cartas conocida como la tirada de la Cruz Celta, sin extensión.

El primer paso es que el consultante defina, de manera sintética, la problemática que quiere trabajar o aclarar.

Luego elige siete representantes que toman, cada uno, una carta adherida previamente a un collar, que se cuelgan en el pecho, sin verla.
Se pide a los representantes específicamente que no miren la carta antes de ponérsela y, de ser posible, tampoco mientras dure la consulta, para no "contaminarse" de ideas respecto de su rol en la consulta.
Los representantes, idealmente, no saben qué carta representan.

El consultante entonces los dispone, de a uno, en las posiciones de la cruz celta: la primer posición representa a "la consulta", o sea, el tema o la actitud del consultante respecto del tema.
Hemos tendido, en la práctica, a tratar al representante en esta posición como si representara directamente al consultante.

La siguiente posición es "lo que cubre", y es la fuerza que influye directamente sobre "la consulta".
La tercer posición es "lo que cruza".
Originalmente, considerábamos que esta posición representaría al obstáculo de la consulta. La práctica reveló otras cosas, que serán motivo de otro artículo.
La cuarta posición es "lo que está por encima de la consulta", y representa el mejor curso de acción posible inmediata desde las circunstancias dadas.
La quinta posición es "lo que está por debajo de la consulta", significando la actitud o lugar psíquico en que la persona está posicionada respecto de la consulta, sin percibirlo, es la base, la razón previa, de la actitud de "la consulta".
La sexta posición es "lo que está por detrás", y su implicación más regular es el pasado de la persona respecto de la consulta, aunque también ha mostrado poderse interpretar de otras maneras.
Finalmente, la séptima posición es "lo que está por delante de la consulta", siendo la dirección más probable en que se decanten los acontecimientos futuros desde las circusntancias iniciales.

Al colocar a cada representante en su posición, el consultante se toma un momento para observar concentradamente la carta que esta persona porta, manteniendo contacto físico con el representante. En este movimiento la persona otorga al representante entrada al espacio psíquico que representa para ella esa carta, en esa posición, para esa consulta, en ese momento.
No es necesario conocer de tarot ni de constelaciones: lo único que se pide a consultantes y representantes es seriedad en la consulta y honestidad durante la sesión en la expresión de su sentir.

Colocada la última persona en posición, el consultante se retira a un costado, y permanece observando.
Los coordinadores toman entonces la dirección de la consulta. Chequean primero el estado general de la constelación. Dado que todos los participantes habitualmente canalizan sensación (sentimientos, ideas, imágenes, etc) proveniente del consultante, lo primero es ver qué tipo de sensación es la general: si de regocijo, pesar, miedo, de conexión o desconexión entre los participantes, tensión entre partes, etc.

Las manifestaciones positivas se toman como tales y no se intenta modificarlas, pero cuando alguna parte del sistema constelado (alguna persona), señala sentirse de manera negativa, se indaga en las causas y se intenta remediar esto, de mostrarse adecuado, buscando una nueva configuración entre los factores psíquicos representados.
Esto se intenta a través del diálogo entre partes: si una "carta" se siente en conflicto con otra, o con su rol, se busca mediar este conflicto de forma guiada por los coordinadores en pro de la conciliación, de modo que cada parte reciba el espacio y los recursos necesarios para cumplir su función, aceptando su lugar.

La mediación se realiza a través de frases sugeridas ente partes, y de movimientos que desplazan a los representantes de un lugar de la cruz celta a otro, a veces superponiendo representantes en un mismo lugar.

Los parámetros para la mediación (excepto por los de buscar la conciliación y el bienestar general) no se pueden codificar todavía: se desprenden en cada lectura de la naturaleza de la carta y posición que ocupa en la cruz celta, y de la manifestación del sentir general del sistema por los representantes.

Una consulta regular abarca unos cuarenta minutos.
Un trabajo más extenso pierde calidad: el sentir de los representantes se vuelve menos definido, y los movimientos de conciliación no producen resultados apreciables en el momento.

Terminada la consulta, se hace al consultante una devolución que consiste en una síntesis acerca de lo ocurrido, desde una interpretación acerca del movimiento de las cartas y desde el sentir general de los coordinadores sobre lo observado.

Constelaciones Familiares y Tarot: su potencial para el descondicionamiento de la conducta.

Este artículo intenta presentar una nueva herramienta de autodesarrollo, llamada por ahora “Constelaciones de tarot”, que esperamos resulte útil para trabajar problemas relacionados con pautas de conducta indeseadas.

El criterio básico de elaboración de la problemática es la conciliación de partes y el bienestar del sistema constelado, el modo de evaluación es la manifestación explícita de los representantes de la constelación respecto de su estado.


Tomamos las siguientes premisas:


-la conducta humana es susceptible de condicionamientos involuntarios, generados por multitud de factores (eventos traumáticos de la historia personal, carencias, faltas de información o desarrollo de ciertos aspectos psíquicos).

- estos condicionamientos se relacionan directamente con los marcos cognitivos o referenciales de la persona, determinando sus creencias y sentimientos íntimos acerca de la vida y sus diferentes aspectos y llegando incluso a pautar patrones compulsivos de conducta, sobre los que el individuo no tiene control: cuando se dispara el patrón de conducta, la capacidad del libre albedrío, y por lo tanto de respuesta adecuada a las exigencias de la realidad que la persona pueda manifestar, se reducen. Lo mismo ocurre cuando la persona interpreta la realidad desde un marco referencial inadecuado
Asumimos que una capacidad mermada de respuesta a la realidad, es indeseable.

- estos marcos referenciales suelen estar en su mayor parte depositados por debajo de la conciencia y la capacidad crítica del individuo, resultándole invisibles e inaccesibles, y por lo tanto inmodificables a menos que se dedique a una reflexión e introspección profunda y, en muchos casos, aún así.
Asumimos que es deseable lograr el acceso necesario a estos marcos referenciales para que la persona pueda reelaborarlos de ser necesario.

- Hay, en lo profundo del inconciente o del organismo psíquico, una tendencia autónoma que, bajo condiciones adecuadas, permite a la psique curarse a sí misma, de la misma forma en que el cuerpo orgánico se autorrepara naturalmente.


Descripción de los hechos hasta la fecha:


Tras más de un un año de participar de diferentes grupos de terapia de constelaciones familiares, puedo atestiguar que es un hecho empírico lo suficientemente regular y consistente como para que sea razonable esperar que ocurra, en ciertas condiciones, que información perteneciente a la problemática de una persona y residente en su sub e inconciente, emerja en la conciencia de otra persona.
Esto ocurre siempre que se junte un mínimo de individuos, sin necesidad de que tengan habilidades paranormales destacables pero con la intención honesta de permitir que suceda, y enfrentar las consecuencias que son, simplemente, el enterarse de cosas que hasta el momento permanecían relegadas al sub e inconciente.

Es premisa del trabajo de constelaciones familiares que ciertos condicionamientos de la conducta, delimitados por el marco referencial de la persona, se forman en las experiencias primarias del individuo con su familia y que, por lo tanto, trabajando las relaciones de la persona con la familia, se trabajan también las proyecciones metafóricas de dichas relaciones: a través de la relación entre padre y madre, por ejemplo, el consultante puede trabajar sus propios modelos de pareja, lo que busca y cómo lo busca en las relaciones que establece.

La dinámica regular de este trabajo consiste en que la persona que quiere resolver una problemática pide a otros integrantes del encuentro, según indicaciones brindadas por el coordinador, que “representen” a la persona misma y/o a los miembros de su sistema familiar, asignando los roles que se suponen conflictivos (padre, madre, etc).

A partir de ese momento, las personas que acceden a “representar” el sistema familiar del consultante experimentan la aparición de sensaciones, emociones e ideas que se corresponden con el sentir emocional y anímico de dicho sistema: la persona que representa al padre del consultante, por ejemplo, puede manifestarse, al ser interrogado acerca de su estado, como “enojado”, “triste”, “tranquilo”, etc.

Este sentir está vinculado al sentir de la persona representada, el consultante, y de sus proyecciones sobre el resto del sistema constelado: lo que el consultante vivió como el sentir de su padre respecto de la relación mutua y se conformó subconcientemente como el marco referencial sobre ese aspecto de la relación es lo que, por medios aún no determinados, aparece en la conciencia de la persona que se presta como representante, y es así expresado, manifestado a la conciencia del consultante.

La emergencia de esta información a la conciencia tiene, regularmente, consecuencias transformadoras en la conducta del consultante respecto de su problemática.
Básicamente porque la persona tiene así la oportunidad de percibir y comenzar a re elaborar los marcos y límites de sus propias creencias y sentimientos respecto del tema consultado, pudiendo afrontar la tarea, en caso de ser necesario, de deshacer condicionamientos y pautas de conducta compulsivas, inadecuadas o insuficientes.
Esta reelaboración ocurre mayormente a nivel subconsciente, pero parece ser necesario que, primero, la información importante pase por la conciencia del consultante, para luego ser “trabajada” por su psique subconsciente.

Habitualmente, parte de este trabajo de re elaboración se hace en torno al intento de conciliación entre las partes del sistema en conflicto, dentro de la misma sesión.

Está aún por experimentarse si esta información necesita, para emerger, una estructura simbólica que le dé forma, o no. Pero independientemente de que los contenidos del inconciente necesiten una estructura simbólica para manifestarse, los investigadores sí la necesitamos para interpretar estos contenidos.

Las experiencias realizadas hasta la fecha han sido todas en el marco de terapia de constelaciones familiares, donde se codifica la información emergente en patrones propios de la estructura familiar, aunque con un alto grado de apertura a la abstracción, y dos experimentales, usando como código los arcanos mayores del tarot, mazo Rider.

A partir de la experiencia en talleres de constelaciones familiares de ver asignaciones de roles abstractos (por ejemplo, de representar “el desorden alimenticio” de una familia), surge la idea de intentar asignar, en vez de roles familiares, roles arquetípicos.

Esta vez, partimos de la premisa de que los Arcanos Mayores del tarot (mazo Rider), representan efectivamente metáforas funcionales de los componentes del sistema psíquico de cualquier persona y que, por lo tanto, al aplicarle la misma dinámica de flujo de información del sistema de constelaciones familiares, el “representante” canaliza información, no esta vez sobre el estado de los diferentes roles del sistema familiar del consultante, sino sobre el estado de los diferentes componentes de su sistema psíquico respecto de la problemática consultada.
Para una descripción más detallada de una sesión regular, ver acá.

La posibilidad que se abre es la de mediar las relaciones entre partes manifestadas en pro de la conciliación, según el método del sistema de constelaciones familiares y lo que vaya surgiendo como posible, necesario y efectivo.

Las consecuencias de la emergencia de información en estas condiciones están aún a la espera de testimonios de los participantes de las experiencias ya realizadas, que están siendo compilados para su estudio a la fecha de publicación de este artículo.
Pero ya se puede afirmar que la emergencia en sí ocurre, y que aparentemente sí se corresponde con los contenidos conceptuales de los arcanos.

La expectativa al respecto es que, si se cumple la premisa de que los arcanos mayores representen efectivamente componentes significativos de la psiquis humana genérica, la emergencia de información pueda ser codificada de manera inteligible y tratada en apoyo de la elaboración de sus contenidos, brindando una herramienta útil para el descondicionamiento de la conducta.