De qué se trata esto?
miércoles, 6 de enero de 2010
¿Y este piecito de quien es? (ó “I got you under mi skin”)
Para descargar el pdf y leerte esto cómodamente en el baño, el bondi o la cama, hacé click acá.
No hace tanto, la astróloga Liliana Ortiz me dijo que una característica de mi personalidad es que tiendo a disolverme: que mis fronteras se borran, que pierdo de vista donde termino yo y empieza el otro.
La comparación con mi deficiente sistema inmunológico fue evidente, pero aún así no me pareció del todo desagrable como cualidad y escribí algunas cosas, que ahora no vienen al caso.
Hace menos aún leí Promethea, donde se habla del arquetipo de la justicia como la figura que se encarga de mantener los límites bien definidos.
De colocar cada cosa en su lugar y, con la precisión de una balanza, con el filo de una espada, evitar que se corran un milímetro de donde deben ir. Cuenta que Crowley redefinió la carta del tarot “La Justicia” como “La Justeza”. Dentro del delicado equilibrio de lo que existe, el aspecto de precisión y correspondencia en la distribución de las cosas.
Cada elemento en su lugar, sin errores ni concesiones, para que no se caiga todo.
La Justicia corresponde también al reinado de Geburah, el Zephirot encargado de filtrar las impurezas de la existencia. El hígado cósmico, el sistema inmunológico de la creación.
La definición de los límites, donde empieza y termina una y otra cosa.
Hace todavía menos, aprendí que los sentimientos no se explican sino que se expresan, tuve una pelea definitiva con mi madre y hermano y tras unos meses de distancia, Alicia sugirió espontáneamente retomar un ejercicio de visualización dirigida.
Mi primer sesión con Alicia consistió en un ejercicio que ella llama “desprogramación”.
Este ejercicio consistió, la primera vez, en una visualización realizada durante un trance hipnótico leve, inducido mediante relajación. El tipo de estados descriptos en “Bases mínimas”.
La desprogramación es el ejercicio pilar del método de Ali, pero cuenta con algunos otros, que mecha cada tanto, cuando lo considera necesario, en el tratamiento.
Las visualizaciones regulares con Alicia son, por asi decir, “libres” y espontáneas: no se busca particularmente nada, y se va actuando según lo que va surgiendo.
Esta era, por así decir, “sugerida”.
Las “sugerencias” son explícitas: “estás en tal lugar, enfrente de una pared blanca, de atrás de la pared sale tu padre”.
“¿Cómo lo ves? ¿Qué hace?”
“Tanteate la espalda: tenés una mochila. ¿Cómo es? ¿Es grande? ¿Es pesada?”
“Quitátela, dásela, y decile “esto es tuyo”.
“¿Qué hace?”
“Ahora, que se vaya. De atrás de la pared viene tu madre”
Etc.
La primera vez que hicimos este ejercicio, me saqué diferentes mochilas. Una relativamente grande para mi padre, quien me hizo creer que depende económica y emocionalmente de mi desde que tengo veinte años en un caso, y desde los cinco en el otro, y cada vez mas pequeñas para mi madre y hermano.
Casi un año después de hacerlo por primera vez, Alicia consideró oportuno rehacer este mismo ejercicio.
En ese año, Alicia trajo a colación diferentes figuras para usar durante las visualizaciones, incluída la de mi “guía”: una persona, ente o figura a la que recurrir cuando me encuentro muy desorientado.
Con esta figura tuve varios problemas, fundamentalmente por la desconfianza de mi parte hacia cualquier figura con estas connotaciones.
Tuve que reformular la figura varias veces, y algunas veces mi guía fue una versión de la carta del Ermitaño, otras fue una bola informe de energía robada de la historieta “Kamandi”, después el sol mismo y, finalmente, un gaucho con marcadas características indias llamado José.
José tiene un semblante particularmente fiero y decidido y, si bien en general transmite una imagen benevolente, no tengo dudas, al mirarlo, de que es capaz de matar.
La entrada en relajación y trance habituales incluyen imaginar o visualizar el descenso por una escalera, tras lo cual me pregunta Alicia dónde me encuentro, qué veo.
Regularmente encuentro paisajes llanos y arbolados, con un horizonte amplio y variado, por los que empiezo a deambular.
Esta vez, llevado por Alicia, busqué y creé una pared blanca, detrás de la cual saldría mi padre, a quien tendría que entregar, de nuevo, la carga que le pertenece y erróneamente portaba yo.
Mi padre salió de tras la pared blanca, con la mirada confusa y torpemente sonriente, sin terminar de verme, como quién trata de convencerse de que está en un sueño y de tomar una actitud confiada, en el filo entre la estupidez y la locura.
Y yo, al tantearme la espalda, encontré que no llevaba ninguna mochila.
Buscando en mi espalda encontré mi remera, y debajo de ella, una especie de protuberancia en mi piel.
Metí la mano bajo la ropa, y empecé a darme cuenta de que mi espalda estaba tomada por una especie de pústula, parte de mi propio cuerpo.
Mi padre me miraba, quieto y distante, desde la pared blanca, y detrás el horizonte de la llanura, cuando conseguí sacarme una de estas pústulas, como quien se quita una astilla de bajo la piel, pero no era una astilla, tampoco.
Era una especie de huevo negro mate, del tamaño de una berenjena, y supe que tenía toda la espalda tomada de ellas.
Me ví momentáneamente desde fuera de mi cuerpo, y ví cómo bajo mi remera se abultaban decenas de huevos negros en el dorso de mi cuerpo, como un pedazo de carne tomado por larvas.
Mezcla de asco, horror y necesidad, empecé a quitarme, pesadamente, todos los que pude, bajo la mirada de mi padre, constantemente opaca y desviada, estúpida y sonriente.
Llegué a quitar todas las que estaban al alcance de mis manos, pero había demasiadas todavía a las que no llegaba.
“Llamá a tu guía”, me dijo Alicia.
Vino mi guía y comenzó, con la punta de un cuchillo largo, a cortarme la piel y extirpar esos huevos de larva de mi espalda.
El frío me tomó, pero sabía que no tenía otro camino.
El trabajo fue largo, eterno, y cuando terminó con mi espalda, siguió con el reverso de mis piernas.
Ambos sabíamos que él no puede curar las cicatrices de su cuchillo.
Cerca del final, sentí que alguna de esas larvas tenía una especie de raíz conectada a mi abdomen, sentí ciertos tirones en el bajo vientre cerca de la pelvis que se fueron concentrando en mis intestinos, y de mi ano empezó a salir una anguila negra, larga, fría, que quedó en el piso, viva pero inerte, retorciéndose débilmente.
Finalmente, llenamos grandes y numerosas bolsas de larvas arrancadas de mi, y se las devolví a mi padre, diciéndole “esto es tuyo, no mío”. En algún lugar estaba la anguila también.
Mi padre sonrió una vez más con los ojos turbios, como si tuviera en su mano la carta final de despertarse en su cama y desvanecerme, y se fue a mi orden silenciosa, tras la pared.
“Ahora andá por tu camino”, dijo Alicia.
Dí media vuelta y caminé una cantidad de pasos que no recuerdo, algunos cientos de metros y encontré una veta de roca dorada, con algo que vi de reojo y no pude determinar si eran pepitas de oro o granos de maíz. Ambas ideas me parecieron auspiciosas, y Alicia me llamó de vuelta a la pared blanca. Debía enfrentar ahora a mi madre.
Su mirada era más alegre y cristalina que la de mi padre, pero tampoco la enfocaba en mi.
No sé qué verán mis padres cuando me miran, pero está claro que en el fondo de mi conciencia, no creo que sea a mi realmente.
“Tanteate la espalda”, me dijo Alicia y, sorprendido, encontré una mochila pequeñita.
La reconocí de inmediato: era una mochila de cuero que mi madre usó bastante, chiquitita y de correas finitas, también de cuero.
“Quitátela y dásela”.
Al comenzar a quitármela me volvió a sorprender su liviandad, pero en seguida descubrí otra cosa: sus correas no rodeaban mis hombros. Entraban en ellos. Giraban y comenzaban a dar vueltas y enroscarse dentro de mi pecho.
La carga de mi madre también estaba dentro de mi cuerpo.
Tirando salían de mi, pero eran metros y más metros.
Al terminar la sesión, Alicia me diría “estabas involucrado”, y “mientras lo contabas, vi un pulpo muerto”.
Tuve que llamar a mi guía de vuelta, que se hizo cargo de la tarea mientras yo me limitaba a sorprenderme a medida que las cintas corrían dentro mío, saliendo, y evidenciaban su presencia en todo mi cuerpo.
Sentí que mi pecho estaba lleno de ellas, y que al terminar de salir, desenvolvían mi corazón, apresado en bandas, en varias vueltas de correa.
Que mi cerebro también estaba vendado, apretadamente envuelto, aislado de mis ojos y de todo.
Supe que estábamos llegando al final cuando sentí las correas deslizarse por mis piernas y desocupar mis pies.
No podía creer que sentía la presencia de mi madre en mis pies.
Y el final se eternizó, porque de alguna manera, salieron un par de cientos de metros mas de cinta de mi espalda, a la altura del corazón, y de la cadera, por el sacro.
Finalmente con José envolvimos todos esos cientos de metros de cintas y correas en bolsas, y se los devolví a su dueña.
Chau, mamá.
Un nuevo paseo refrescante, y enfrenté a mi hermano, cuya carga esta vez resultó ser, raramente, un carrito de minero lleno.
De los tres, la mirada menos turbia fue la suya.
Pese a saber terminado el ejercicio, me tomé unos minutos más frente a la pared blanca, ahora desierta, por primera vez solo.
Sentía mi cuerpo imaginario liviano, compacto sin ser denso, definido, sólido. Fuerte sin pesadez.
Y totalmente propio.
Recordaba la sensación de las correas saliendo de mis pies y me preguntaba adónde me llevarían ahora, que volvían a ser míos.
lunes, 4 de enero de 2010
Más bases mínimas
No sé... me embola escribir este tipo de cosas: me siento una especie de pedante que habla de lo que no sabe solamente para escucharse y ver si lo que piensa es consistente. Pero no he podido dejar de hacerlo, por un lado, y por otro son el contenido que considero mas importante de los relatos y experiencias que constituyen esta etapa del blog, así que no puedo dejar de ponerlo para dar sustento intelectual a lo que quiero contar. Una especie de machete teórico que supla la falta de talento narrativo, así como de interés por desarrollarlo.
Vale aclarar que todo lo que digo corre por mi cuenta, y que ninguna de estas afirmaciones está avalada por nadie: no por Alicia, no por Gurdjieff ni por Jung, mucho menos por el Mago.
Acaso tal vez por mi Sombra.
Muaca muaca.
Tomamos las siguientes premisas:
1- Toda persona tiene una mente que es conciente de sí misma desde la que experimenta su vida.
2- La mente conciente de sí misma es una parte del total del aparato psíquico, y es una parte minoritaria: el resto del aparato psíquico, que también constituye y se interrelaciona con los contenidos de la mente conciente es mucho mayor, y permanece regularmente fuera de la visión de la mente conciente. Permanece, justamente, en la inconciencia.
3- Todo esto tiene raíz profunda y comprometida en la vida física: el sistema nervioso y endocrino son el punto bisagra fundamental, pero hay otros niveles, como las somatizaciones musculares y posturales que, desde lo emocional y actitudinal simbolizan, expresan y realimentan la vida psíquica, conciente e inconciente. Vida psíquica y física no son lo mismo, pero vienen juntas y estrechamente vinculadas.
4- Hay estructuras innatas, inmanentes al ser humano de las que todos nacemos dotados, que constituyen parte de los contenidos de la mente, conciente e inconciente.
5- Estas estructuras cumplen la función de “órganos” psíquicos, dando sustento a la vida psíquica en todas sus manifestaciones: el pensamiento racional, afectivo, analógico, creativo, etc., etc., así como a actos mas sencillos y básicos, como el de percibir e interpretar.
6- La mayor parte de ellas pertenecen a la mente inconciente. La mayor parte de la vida psíquica y sus ramificaciones: creatividad, percepción, emocionalidad, intelecto, ocurre en la parte inconciente de la mente.
7- Algunos de estos “órganos psíquicos” son reconocibles y al menos parcialmente descriptibles.
8- Hay elementos de tradiciones esotéricas, occidentales y orientales, y del sistema de análisis junguiano, que se pueden tomar como descripciones parciales pero útiles, aplicables en la práctica, de estos órganos psíquicos.
9- Las aplicaciones prácticas de estos elementos y sus contenidos van desde la manipulación hipnótica de habilidades hasta el autodesarrollo psicológico, psíquico y espiritual, entendiendo “autodesarrollo” como el cultivo y maduración de un creciente contacto entre la realidad subjetiva y la objetiva. Obviamente, postulamos que hay una realidad objetiva y que es deseable la mayor toma posible de contacto con ella.
Todo lo que se narra en este espacio toma como eje y único objetivo legítimo la búsqueda de esta toma de contacto y acercamiento de la subjetividad a la realidad objetiva.
Dado que la mayor parte de la vida psíquica se desarrolla en el inconciente, asumimos también que
10- en el inconciente residen habilidades y poderes efectivos que la mente conciente no maneja.
Es tema de discusión dónde acaban estas habilidades y si tienen o no injerencia en la realidad objetiva, más allá de la conducta de la persona.
Pero con asumir que
11- las aplicaciones prácticas de los elementos de esoterismo y junguianos pueden desarrollar un trabajo psicológico eficaz que puede introducir cambios en la conducta de la persona
ya tenemos mas que suficiente a los propósitos de este blog.
Vistas las generalidades, vamos a presentar algunos de los elementos que mas frecuentemente se van a encontrar en la lectura de este espacio.
Son figuras que aparecen tanto en el tratamiento de Alicia Valero, como en otras fuentes, a veces en ambas, a veces en una sola.
El niño interno: representa al menos dos cosas simultáneas.
En análisis transaccional hay un concepto base que indica que las diferentes edades y etapas de la vida no se pierden al sucederse, sino que se acumulan como las capas de una cebolla.
Esto implica que en algún espacio psíquico, uno sigue siendo todo aquello que fue: un niño, un adolescente, un joven, y así.
Un hombre de sesenta años sigue pensando y sintiendo, en algún lugar de su ser, como un niño o adolescente, y mas precisamente aún, como el niño o adolescente que fue.
Mejor dicho: como el niño y el adolescente que fue, e incluso como las diferentes facetas importantes del niño que fue y de todo niño genérico (niño sumiso y niño rebelde son las categorías mas usadas en transaccional).
Estas diferentes facciones y mentalidades siguen vigentes toda la vida, cada una con sus perspectivas de la vida y sus propios objetivos.
Una persona sana, en términos de análisis transaccional, es aquella que consigue, justamente, una transacción adecuada entre las partes.
En transaccional se postula que esto se logra gracias a la mediación de la figura más adulta, que busca aceptar, integrar y satisfacer a todas las demás, pidiendo, por ejemplo, al niño rebelde que se modere, al niño sumiso que se exprese, etc.
Una de las acepciones del niño interno, entonces, es exactamente esa: una etapa histórica del individuo que permanece vigente.
Desde ese espacio mental, el individuo vive todo exactamente como un niño: las necesidades y deseos se viven sin filtro.
La otra acepción es que el niño interno es la primera línea de cada hexagrama del I Ching, que representa la naturaleza más íntima del asunto en cuestión, en este caso la persona*.
Asumimos que cada persona tiene, merced de una combinación de factores genéticos, históricos, psicológicos, culturales, etc., un perfil propio y único.
El niño interno es la expresión simbólica de ese perfil.
Es la naturaleza más íntima y el perfil único del individuo.
La sombra: esta es la única figura que reconozco como enteramente junguiana en el trabajo de Ali, pero mis lecturas junguianas son pocas.
La sombra representa todo aquello de uno mismo que uno no quiere saber que es.
Entra en esto tanto lo que rechazamos por nuestro perfil individual, como aquello que nos es culturalmente señalado como tabú.
Todo tabú tiene aparentemente relación con alguna necesidad fisiológica que se resuelve, como todas, mediante lo social: esto incluye desde la deposición hasta el sexo. Pero algunas cosas, diferentes según cada cultura e incluso según cada familia, entran dentro del campo de lo socialmente presentable o quedan fuera de el, debiendo ser realizadas fuera de la vista pública, y muchas veces con el mismo sujeto desviando la mirada.
Los ejemplos de sexo y deposiciones son los más claros, pero la sombra personal puede contener muchísimos y extremadamente variados elementos, desde miedo a la violencia propia y ajena hasta deseos frívolos, incestuosos, y un largo etcétera.
Dado que son partes propias del individuo, por más que éste no quiera saber ni que existen, no puede librarse de ellas.
El conflicto se resuelve con el mismo concepto de tabú: no hace falta erradicar el elemento tabú. Alcanza con mantenerlo fuera de la vista.
Si no se niega su existencia, sino que se la reconoce con amabilidad y se acepta que permanezca cerca pero fuera del ámbito de la conciencia, este espacio se integra alegremente a la vida cotidiana del individuo.
Dado que sus contenidos suelen tener base biológica, la buena relación con esta parte del ser libera mucha presión y energía, y otorga mucha fuerza a la persona.
El Guía o Yo Interior: es un caso delicado.
Esta figura reside normalmente por entero en el inconciente. La bibliografía sobre figuras similares parece ser abundante.
Castaneda nombra la figura del “testigo”: una parte de uno que permanentemente sabe exactamente lo que uno está haciendo y dónde está uno parado, aún cuando uno mismo no pueda verlo o no lo quiera admitir.
Stephen Mace y Crowley parecen considerar la figura del “santo ángel guardián” como aquella que tiene toda la información objetiva sobre todo lo que concierne al individuo y su circunstancia.
Lo identifico con una interpretación de la carta de El Mago, en tarot.
Parece ser la quinta línea de I Ching, el “gran hombre”.
También se lo asocia, según quien, a la actividad del séptimo chakra.
Esto se relaciona con el I Ching en que en ambos casos se adjudica al Yo Interior comunicación con una fuente de sentido objetiva y exterior a la persona.
Las especulaciones sobre qué es esta fuente de sentido objetiva y exterior apuntan a cosas tan dispares como el campo morfogenético, el inconciente colectivo, Dios, la sexta línea del I Ching y la simple realidad objetiva, interpretada por la misma figura del YS.
Dentro del sistema de Alicia, el Yo Interior es, además, la versión evolucionada del Niño Interno.
Más allá de la cantidad de habilidades y conocimientos que se le atribuyen, posee también todas las características del yo externo: la impaciencia o morosidad que lo caractericen a uno, sus virtudes y defectos.
Parece ser, pero no corroboré esto con lecturas propias, que Gurdjieff indica que el Yo interior se construye y evoluciona a sí mismo a través del diálogo con el yo ordinario y la realidad cotidiana.
Dentro del sistema de Alicia, el objetivo primordial es establecer la comunicación más límpida posible con esta figura porque, sea que tiene el machete que le pasa dios, o que simplemente se ubica en una especie de mirador o atalaya metafísico (recordemos que se lo llama también "yo superior" o higher self) , posee información importante e imprescindible para la vida cotidiana.
La comunicación con esta figura se logra por el silencio interno, al que se llega paulatinamente a través de la limpieza del ruido que ejercen los traumas y vicios mentales por un lado, y del ejercicio práctico de intentarlo, por otro.
El hecho de que el Yo Interior, en la concepción de Alicia no tenga acceso a la figura, de “la computadora”, implica lo que aparentemente dice Gurdjieff: el Yo Interior necesita, para tener una influencia armoniosa en la vida de la persona, tener contacto relativamente fluído con la mente conciente o yo externo.
El establecimiento de una adecuada relación entre estas tres figuras y otras que aún permanecen menos claras para mí, constituye la renovación de los personajes de la galería y la reprogramación de la computadora, previamente reseñadas.
Aparentemente, logrado cierto silencio y limpieza interiores, e incluso desde antes y como parte del proceso de limpieza, el Yo Interior provee los contenidos ideales para la reprogramación, que acceden entonces a la computadora con el concurso y permiso de la mente conciente.
El sentido de todo esto, repetimos nuevamente, es alinear a la persona con lo central de su personalidad y proveerla de un equilibrio psíquico que le brinde autonomía en la satisfacción de sus necesidades, o la capacidad de desarrollarla.
Además de estas tres figuras, en mi propia experiencia aparecen y son relevantes también las figuras materna y paterna y todo tipo de simbolismos fálicos y vaginales. He presenciado además repetidas apariciones de diversas cartas de tarot.
En la práctica de sofrología, esto puede explicarse sin necesidad de recurrir a la idea de que tengan existencia objetiva en el inconsciente colectivo, aunque sea la que yo abono, sino que puede simplemente ser parte de mi bagage personal adquirido.
La práctica del mazo viviente (todos los artículos al respecto, acá), sin embargo, parece indicar que si tienen existencia propia, aunque es prematuro afirmarlo.
También es regular durante las sesiones de sofrología la manifestación visual de símbolos de rei ki, y de contenidos aparentemente vinculados a la función específica de cada símbolo, aunque eso también está en observación.
De llegar alguna vez a corroborarlo, esto indicaría que los símbolos de rei ki también tienen existencia propia, objetiva e independiente, y que son parte del repertorio de estructuras innatas y órganos psíquicos propuesto más arriba.
Es permanente también la aparición de símbolos mucho mas heterodoxos y de significación más puntual y misteriosa o poco evidente. Iremos ejemplificando con el correr de las transcripciones de sesiones y eventos relacionados.
Una última premisa, que NO asumimos en este espacio, pero que es tema permanente de discusión en el ambiente así que merece exponerse, es la de que estas estructuras psíquicas inmanentes tienen no solo existencia objetiva, sino también injerencia y poder objetivo sobre la realidad externa al individuo, a la manera que plantea el hexagrama 31, el Influjo: “relaciones efectivas y objetivas con la realidad”, que pueden afectarla de manera sutil.
No me atrevería a postular eso, ni me parece necesario: alcanza con aceptar la existencia de las figuras nombradas (el niño interno, la sombra, la computadora, la galería de personajes y el yo interior) y la corrección de sus atribuciones más modestas para dar por sentada su importancia y capacidad efectiva de contribuir a la vida cotidiana de manera mucho mas efectiva y contundente que una u otra fantasía acerca de “las fuerzas sutiles”.
*en una charla con Alicia posterior a la publicación de este post, ella desestimó totalmente esta idea. Yo la voy a mantener hasta que encuentre una mejor con la que reemplazarla, o termine de entender su planteo de que la primer línea son "los ancestros, lo genético, las tribus de los antepasados". Sabe dios de qué habla, la puta que la parió.
martes, 22 de diciembre de 2009
Experiencia cercana a Live Li.
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Una de las modificaciones que trajo el tiempo al método de Ali fue la inclusión regular de símbolos de rei ki.
Al muy poco tiempo de empezar, Ali me pasó un par de ellos para usar en mi práctica de tarot o cuando quisiera. El primero fue el “Live Li”, que tomé como una especie de sello de protección contra lo que fuera que sean las “energías negativas”. Entendí que producía una especie de rechazo magnético sobre esta categoría vaga de cosas que podemos llamar “mala onda”.
Más tarde, me enteraría de que en realidad su función no es “rechazar” malas ondas, sino “devorar energías negativas”.
Remarco: las devora.
Me acostumbré a usarlo, un poco por supersticioso y un poco más por su sencillez: uno dibuja con un dedo en el aire o en una superficie un símbolo muy rudimentario, consistente en un triángulo, apoyado sobre un arco, y dentro del arco una punta de flecha hacia arriba.
Si un cartel en la ruta pudiera avisar “a 100 metros, medusas de mar gigantes”, probablemente usara este signo para representarlas.
Creo que en caso de visualizarlo, el manual indica que debe ser de color rojo.
Se aposta en cualquier lugar que uno quiera “proteger”.
Casi dos años después de que me pasara este símbolo, llega la modificación antedicha, y Alicia empieza a usar los signos regularmente en las sesiones.
El modo de aplicación es a través de una especie de “mazo de símbolos de rei ki “ que le confeccionó de motu propio otra paciente, dibujando cada símbolo por separado sobre un cartón de unos 10 x 20 centímetros.
Deja este mazo cerca y, apenas completa la relajación guiada, antes de empezar las visualizaciones, toma alguna de las “cartas” al azar, y dibuja este símbolo sobre el paciente.
Habitualmente, las visualizaciones guardan mucha consistencia con la razón de ser de cada símbolo.
Claro, esto lo sabe uno cuando sale de la relajación, abre los ojos y ve cuál símbolo se le aplicó. Se hace así por varios motivos, y uno muy expreso es evitar la contaminación de ideas que puede ocurrir cuando la persona conoce el símbolo que se le aplica.
En cierta época, había yo retomado la práctica de artes marciales. Como tenía ganas de “bajar a tierra” y salir de lo teórico de algunas como el kung fu, capoeira, etc., empecé con una disciplina mixta que incluye formas de contacto (impacto) pleno, junto con proyecciones, llaves, y lucha grecorromana o jiu jitsu.
En estas me fue muy útil el background de mi tempranísima (y brevísima) práctica de Ju Do, donde aprendí la importancia de mantener el cuerpo pegado al del contrincante para paralizarlo, aplastando con el propio pecho las iniciativas de movimiento del otro.
Todo lo que practiqué hasta ahora de jiu jitsu incluye mucho de esta cercanía, como si uno quisiera “planchar” al otro con el propio cuerpo.
Para esa misma época, ya habia tenido una gran cantidad de experiencias con Alicia, incluyendo al menos una (que recuerde ahora) muerte, mía, visualizada y un par de vivencias de “sacarme cosas de adentro” de extraordinaria crudeza visual y emocional.
Pese a lo doloroso de estas experiencias (visualizaciones), se mostraron siempre necesarias en el momento, y provechosas al corto plazo. Así que, mal que mal, mis propias reticencias a “cortar por lo sano” iban desapareciendo con la práctica.
En esta sesión en particular, todavía había grandes resistencias de ciertos aspectos míos que preocupaban a Ali, que por algún motivo los llamaba mi “fijación con lo siniestro”.
Lo de “por algún motivo” es un chiste. Sé bastante bien lo que había en mi mente y corazón por esa época, y era siniestro.
Parte de eso será motivo de otro artículo.
Lo que importa ahora es que el devenir de esta sesión estuvo lleno de vaivenes, retorcimientos y sensaciones permanentes de estar evitando algo, hasta que de repente la imagen se transformó absolutamente, y me encontré mirando de frente el fondo de un charco poco profundo.
El lecho era marrón, el agua transparente, y hacia mi cercanía había una especie de barrera de negrura.
Al rato de presenciar esa imagen (la percepción del tiempo es a veces diferente durante una visualización) me doy cuenta de tres cosas: uno, no era un charco, sino alguna especie de agua más profunda.
Dos: yo era ese paisaje: el agua, el lecho y la barrera de negrura, todo era yo.
Tres: no estaba solo. Había alguien más en el fondo del lecho.
Nos estuvimos mirando un rato frente a frente, él desde el fondo del lecho y yo desde afuera.
No tenía casi nada de humano, excepto un algo en la mirada. Sus ojos eran dos manchas negras como gotas de tinta en una protuberancia en el lomo, que perfectamente podría haber tenido un cerebro rudimentario, quizás algo más que reptiloide. Brillaba en esa mirada una inteligencia no humana pero con propósito, con intención definida y tenaz.
No pude dilucidar cuál, y eso me producía cierta ansiedad.
Era una especie de manta raya de color perla lechoso, con dos aletas tubulares como tentáculos o bigotes y una cola partida.
Me miraba con esa percepción a la vez nítida y limitada que le adivinaba, y tanteaba la barrera de oscuridad que, de alguna manera, separaba ese lecho de arroyo que era yo, de otra parte de mí, que permanecía fuera de mi vista.
Sentí rechazo y antipatía por todo: por esa figura babosa que me tanteaba, por mi propia oscuridad, por el intento de este bicho inhumano de entrar y por el mío propio de mantenerlo fuera de no entendía bien qué espacio mío.
Se lo comento a Ali y ejecuto algo así como un parpadeo mental, que el bicho aprovechó plenamente: cuando vuelvo a fijar la atención en él, se había de alguna manera colado a través de la barrera de oscuridad y estaba exactamente en frente mío.
Se me arrojó encima de la misma forma en que yo había reaprendido a arrojarme sobre mis contrarios: sin darme ninguna oportunidad de nada y envolviéndome con su cuerpo, eliminando toda distancia y dominando la situación antes de que pudiera yo reaccionar de ninguna forma.
Literalmente, me puso una plancha de jiu jitsu.
Tras lo cual, comenzó a fundirse conmigo: atravesó mi piel rápidamente y empezó un proceso, mucho más lento, de filtrarse a través de mis huesos, especialmente mi cráneo, esternón y costillas.
Con el conocimiento de la práctica, supe simultáneamente que no tenía manera de defenderme, y que estaba bien que no la tuviera.
Una parte mía, desde el fondo de mis huesos, gritaba, sabiendo que iba a morir. Y otra parte mía suspiraba resignada, sabiendo que si algo de mí moría en este lugar, en esta circunstancia, es porque así debía ser. Mayores porciones mías habían muerto ya, en el ejercicio terrible de transformación que es la terapia para los muy necesitados.
Los ojos del pez todavía me miraban decididos, inexpresivos, a la cara, mientras seguía hundiéndose en mi pecho y matando algo de mí.
Agotado, salí del trance de visualización y Ali se manifestó muy contenta con el trabajo de ese día.
Tras más de dos años de lucha me dijo con claridad que, por primera vez, ya no estaba preocupada por mi fijación con lo siniestro: este día habíamos hecho lo decisivo para que no volviera a ser un problema nunca más. Me mostró el símbolo que me había aplicado al comienzo de la sesión.
Estaba, clarísima, la cabeza triangular de una manta raya, las aletas, la cola partida.
Desde entonces, la naturaleza de mis visualizaciones dió un vuelco radical, del que ya hablaré.
Y ahora, cada vez que planto el live li, en vez de sentirme colgando un cartelito, siento que invoco un temible, muy temible perro guardián, y lo imagino serpenteando por las superficies protegidas, manteniendo limpio el lugar, cazando, predando.
Devorando.
jueves, 10 de diciembre de 2009
Bases mínimas
Como ocurre regularmente este fenómenos parece ser: el individuo enfrenta un problema. Lo resuelve con el concurso de todo el sistema psíquico, incluídas sus mentes conciente e inconciente. Sintetiza una respuesta adecuada por si el problema vuelve a presentarse. Delega la aplicación de esta respuesta a la computadora. Cada parte con sus asuntos.
La respuesta es siempre correcta y la mejor para las condiciones del momento.
viernes, 27 de noviembre de 2009
Inauguramos la existencia del periodismo psiconáutico: declaración de intenciones - antecedentes personales.
Ouspenky dice que los seres humanos tenemos cuatro “cerebros” o centros de procesamiento de diferentes áreas o actividades: el intelectual, el emocional, el motor y el instintivo.
Dice también que cada uno es treinta mil veces más rápido que el anterior, o sea que los procesos de un centro son imperceptibles para el que le sigue.
Y dice que el intelectual es el más lento de todos.
Toda mi vida estuve particularmente interesado en un tipo de experiencias que llamo "existencialistas", por basarse en la pregunta exacta de qué es la vida y la existencia. No las preguntas de cuál es su sentido o para qué estamos, sino lo previo a ellas: el "qué es esto?".
Estas preguntas me llevaron a estudiar antropología y psicología por un lado, y a tener una variedad de experiencias, desde drogas hasta formas de meditación, por otro. Mi gusto por la práctica deportiva o cierta sensualidad de mi carácter implican que tienda a relacionar mucho todo lo perceptual a nivel psíquico e intelectual con lo sensorial, lo material y todo lo vinculado al cuerpo.
Todo lo psíquico para mi está enraizado o involucrado con lo físico, no obstante lo cual mi aproximación a las cosas fue racionalista durante muchísimos años, en general desde una actitud que intenta demandar a la realidad que tenga una coherencia aprehensible para el intelecto, so pena de no creer en ella.
Este tipo de actitudes se paga en los hechos, claro.
Tras una larga vida de excesos, desde el primero de noviembre de 2006 soy portador de hiv. Esto determinó que me volcara fuertemente a la terapia introspectiva y la reformulación de vastas porciones de mi psique en busca de un equilibrio menos autodestructivo, lo que me llevó a retomar este tipo de interrogantes, ya no desde una perspectiva tan intelectual como lo fuera al principio, sino desde una serie de técnicas que permiten el abordaje de la cuestión existencial desde espacios no racionales. Puede parecer exagerado o fuera de escala, pero no.
Estos espacios no racionales demostraron una tangibilidad sorprendente, así como una gran consistencia y aparente coherencia.
Lo más destacable es que esta tangibilidad, contrariamente a la creencia general (o al menos a la que yo sostenía), determina que las experiencias que titulo "místicas" sean, más allá de la incertidumbre de todo existencialismo, tan claras y contundentes como las experiencias cotidianas: repetidas veces vienen cargadas de sensación, sentimiento, ideas, simbolismos fuertemente significativos y relaciones muchas veces inexplicables pero evidentes con el resto de mi vida y contexto.
La práctica de tarot y meditación se volvieron partes normales de mi vida, la reflexión sobre los arquetipos y la variedad de la experiencia vital también, sirviendo de vehículo a un montón de experiencias y anécdotas.
Estas experiencias son, repito, contundentes. Independientemente de lo subjetivo y extra cotidiano de su naturaleza son vivencias absolutamente concretas y contienen una gran fuerza vinculada al desarrollo de mi cotidianeidad. En este sentido, a veces pueden parecer hasta prosaicas de interpretar, o al revés, una poetización espontánea de algo absolutamente corriente.
Durante casi tres años, me concentré en un eje temático que aglutinaba los temas sensaciones (físicas) en el pecho - elaboración de la enfermedad de mi padre - relación con ambos padres - maduración personal - elaboración del cáncer y muerte de mi primo - elaboración de mi propio hiv, y produje un buen montón de páginas de reflexiones.
Todo ese tiempo, entiendo hoy, mi parte intelectual estuvo supliendo deficiencias generales del total de mi ser, lo que me llevó a intentar elaborar todo desde esa misma área (la intelectual).
Esto me permitió, dado que lo intelectual y la palabra están íntimamente vinculados, dejar registro escrito del proceso de elaboración de estas cosas.
Pero en cierto momento se hizo evidente que, si debía pararme a pensar las cosas lo suficiente para describirlas/escribirlas, debía también detener la marcha de las cosas mismas.
Escribir y pensar es más lento que vivir.
Me acompañaba constantemente un sentimiento de espera, de estar incompleto y eternamente esperando la señal para comenzar mi vida.
Llegó el día en que decidí soltar lastre y perder la oportunidad de documentar este proceso, esperando ganar a cambio la posibilidad de terminarlo o, por lo menos, aligerarlo y atravesar más rápido las etapas dolorosas del mismo.
Fue un momento clave en la continuación de mi paso del racionalismo al empirismo o fenomenología, y la aventura del autodesarrollo.
Los temas que atravesé desde que dejé de escribir hasta ahora tuvieron que ver con la sexualidad, el miedo, el enojo hacia mis padres y familia, con la aceptación del presente y con la capacidad de sentir y de entregarme al sentimiento y al discurrir de la vida.
Los contenidos de la arcania se demostraron muchas veces útiles a tal fin, y muchas veces más, vinculados más allá de la posibilidad de "usarlos" concientemente como herramientas. Son parte del paisaje en el camino de transformación que vengo recorriendo, a veces imponentes y dramáticos, a veces lejanos, a veces incomprensibles pero claramente presentes.
Hoy, encuentro interés en retomar el ejercicio de describir y reflejar emis experiencias desde la palabra escrita.
Las páginas que vengan en el futuro, son el intento de compartir la vivencia, la reflexión, y el interrogante. La intención final es alcanzar aseveraciones intrinsecamente objetivas, y pasibles de intersubjetividad. Del tipo que alcanza coherencia y resonancia en los "cuatro cerebros" al mismo tiempo.
Algunas cosas de las que cuente ya están cerradas y permiten sacar una conclusión. Aconsejo, como todo existencialista, evitarlo.
Otras están en pleno proceso así que al terminar la lectura espero que se queden con una sensación de que "esto no cierra...".
Como me pasa a mí.
jueves, 12 de noviembre de 2009
Sexta sesión de mazo viviente – autoconsulta, segunda parte, y el trabajo que sí salió bueno.
Para descargar el pdf y leerte esto cómodamente en el baño, el bondi o la cama, hacé click acá.
Hace unos seis meses, aproximadamente, realicé un trabajo con el mazo viviente, buscando modificar un aspecto caprichoso y tiránico de mi naturaleza, que sentía con mucha claridad que me impedía ejercer el “fluir con la vida”.
Este aspecto de mi naturaleza es el que intenta permanente que la vida se adapte a una agenda, a una planificación intelectual cuyo peor problema es que no sólo es totalmente rígida, sino que es muy rápida y sencilla de hacer: puedo armar una agenda para todo el año en cinco minutos, y pasarme luego el resto del año sufriendo por las discordancias entre las acciones planificadas y las necesidades reales.
La opción para intentar solucionar esto fue ambiciosa: en el curso de tres años de terapia con Alicia Valero y de varios estudios autodidactas sobre psicología junguiana, magia occidental, i ching y tarot, me fui familiarizando lentamente con la figura del “yo interior” o superior.
Esta figura vendría a ser algo así como el “testigo” de Castaneda: una porción del subconsciente que tiene el total de la información objetiva sobre la situación que una persona vive, permanentemente.
En teoría, uno puede, a través del adecuado trabajo de limpieza y modelado de sí mismo, comunicar con esta figura para conocer el mejor camino de acción en cada momento.
Esta comunicación, como se vincula al contacto con la realidad objetiva, obviamente, implica una agilidad mental bien distinta de la planificación rígida.
Y, por otro lado, si la teoría es correcta, el Inner Self es una porción de la psique con mucha más capacidad para determinar el curso idóneo de acción que la mente conciente regular.
Así que convendría que la mente conciente regular se corra del lugar de capitanear la vida del total de la persona, y se ponga en el lugar de, en términos del I Ching, “funcionaria del príncipe”, con respecto al Inner Self.
Uní esta especulación teórica a las otras que sustentan la práctica del mazo viviente: las ideas de que los Arcanos Mayores del mazo Rider son descripciones fidedignas o al menos útiles de aspectos objetivos de la psique, y la de que las sensaciones que experimentan los representantes reflejan verdaderamente estados psíquicos de la persona representada, junto a la de que las interacciones entre los representantes revierten sobre la psiquis del consultante (persona representada).
El total de todas estas ideas implica que, a través del mazo viviente se puede lograr un modelado psíquico que me podría ayudar, en este caso, a deponer mi actitud rígidamente controladora y volverme más sensible a las directivas de mi Inner Self.
Al realizar este trabajo, la configuración final resultó en el relevamiento de la figura del Emperador de su rol director, siendo reemplazado por La Fuerza. Dado que en el momento del trabajo, la manifestación del arcano La Fuerza se asemejaba enteramente a la noción de “energia vital”, la interpretación fue de que sería mucho mas acertado, fluído y en consonancia con la vida que el rol director lo ocupara esta figura que el Emperador, cuya rígida voluntad de dominio y mando asocio a la característica que justamente quería modificar.
Pasé unos meses en incertidumbre hasta sentir, paulatinamente, que el trabajo sí había sido realizado y que mi actitud preconciente verdaderamente había cambiado. En este tipo de cosas, se nota fácilmente cuando la actitud preconciente cambia, por la disminución en el stress general. Las respuestas impensadas a los acontecimientos cotidianos son claras, y claramente diferentes de las previas.
Es definitivamente cierto que estoy en términos generales más relajado y “sueltito”.
Me pareció en cierto momento adecuado profundizar el trabajo, y convoqué a los amigos y experimentadores de siempre más algunos nuevos, para que me ayudaran.
La intención era trabajar mi sensibilidad a los mandatos del Inner Self, y al mismo tiempo tratar de volver la personalidad cotidiana más capaz, transparente e íntegra para su servicio.
Probablemente fuera muy ambicioso, porque no entendí nada de lo que ocurrió, y todavía estoy recopilando testimonios de los participantes para ver si se me cae una idea.
Lo realmente notable, es que apenas empezamos se me fueron absolutamente todas las ganas de trabajar, y no conseguí volver a juntar un mínimo hasta la tercer consulta.
Al comenzar mi propia consulta, que fue la primera, pensé muy seriamente si decirle a las 16 personas allí presentes “gracias por venir, pero adiós”.
Por un mínimo de especulación a futuro, para mantener la credibilidad ante ellos (y porque uno de los presentes es mi primo, en cuya casa estoy viviendo ahora), elegí continuar como pude.
Se realizaron ese día cuatro consultas, incluída la mía, que no voy a contar ahora, y probablemente nunca, al menos hasta que me haga una idea narrable de ella.
La segunda y tercera tienen cada una sus detalles, pero la que realmente me gustó por varios motivos, incluído su potencial (o facilidad) narrativo, es la cuarta y última.
Que probablemente sea la última de veras, porque no parece que volvamos a realizar sesiones con el mazo. Y tiene cierta belleza, porque fue la consulta de Marie, quien fuera también la primer persona (del universo!) en utilizar el potencial del mazo.
La dinámica del mazo viviente es idéntica a la de Constelaciones Familiares o Terapia Gestáltica: una persona (el consultante) elige a otras (representantes) para que cubran el rol de cartas en su consulta.
Dispone a las personas que elige según una representación tridimensional levemente adaptada de la tirada tradicional de tarot llamada la Cruz Celta.
En esta disposición, la primer persona se coloca en el centro del espacio, lugar que representa en sí mismo a “La consulta” o tema de trabajo en sí. El representante elige a ciegas de un set de 22, un accesorio consistente en una cadenita que va al cuello y sostiene una tablita en la cual está pegada uno de los 22 arcanos mayores, y se lo cuelga al cuello.
El consultante lo coloca en su lugar y, manteniendo contacto físico con el representante, se concentra en la figura del arcano durante unos segundos. A partir de allí, el representante es imbuído de sensaciones referentes al estado del aspecto psíquico representado por el arcano, para esa consulta, en esa posición particular.
Hemos encontrado consistencia en las sensaciones que produce cada carta en diferentes consultas, así que parece haber un patrón de identidad regular que definiría cada carta, verdaderamente, como poseedora de existencia objetiva y de un perfil de sensaciones propio.
Falta corroborar si esta consistencia se repite según los consultantes, lo que indicaría un perfil de la carta para esa persona, o si es independiente de ellos, lo que indicaría una existencia objetiva y universal.
Las siguientes posiciones del núcleo de la tirada son “Lo que cubre”, fuerza que influye directamente sobre “La consulta”; “Lo que cruza”, posición que originalmente pensamos que sería el obstáculo entre “La consulta” y la posición de “Lo que está por encima” (que representa el mejor curso de acción posible dadas las circunstancias), pero que regularmente termina siendo más bien puente unas veces, o una especie de membrana que mantiene al mismo tiempo conectados pero delimitados diferentes órganos psíquicos que actúan de esa manera en conjunto pero sin perder identidad.
Las restantes posiciones son “Lo que está por encima”, por debajo, detrás y delante de “La consulta”, señalando como dijimos, el mejor curso de acción posible dadas las circunstancias, la posición desde la que el consultante está trabajando o viviendo el asunto, el aspecto de la persona o situación que motoriza la consulta o trabajo, y el objetivo o futuro probable, respectivamente.
En cada posición va un representante, con su respectiva carta o lamen colgando.
Mariela quería trabajar un aspecto específico de su vida romántica y, en términos más amplios, afectivos: cierta intolerancia a la ambigüedad y a las medias tintas irresueltas, que la terminaba llevando a un “todo o nada” que, en este momento, le resultaba insatisfactorio y violento como resolución.
Eligió entre los presentes y quedaron:
en la posición de La Consulta, Emanuel con Los Enamorados.
en la posición de Lo que Cubre, Carla, con La Torre.
en la posición de Lo que Cruza, Keki con La Templanza.
en la posición de Lo que está por Encima, Martín con El Loco.
Lo que está por Detrás era Jime, con El Carro.
Lo que está por Debajo era Ale, con La Fuerza.
Hasta acá, la lectura parecía simple y auspiciosa: la pujanza y el deseo de conquistar la vida de Marie (representados por el Carro con Jime) empujaban un trabajo referente a su maduración sexual y afectiva (Ema, Los Amantes). Esta maduración estaba atravesando una etapa de crecimiento brusco y fuerte (La Torre) cuyas nuevas necesidades chocaban con las viejas prácticas, y la mejor actitud al respecto parecia ser la falta de intención y el goce del presente (representados por Martín, en Lo que está por Encima, con El Loco).
No se me ocurrió manera de que La Templanza cruzando entre La Consulta y Lo que está por Encima fuera otra cosa más que una ayuda (de hecho, posiblemente la mejor posible, dado el tema de consulta), y que Lo que está por Debajo fuera La Fuerza me pareció, también, maravillosamente auspicioso: la vitalidad misma dando apoyo a un proceso madurativo es como... lo más correcto posible, el verdadero orden natural de las cosas, pensé.
El único problema, y que se reveló como un hueso duro de roer, fue la última posición, Lo que está por Delante, a donde fue a parar José con el Lamen de El Ermitaño.
El chequeo de sensaciones entre los participantes (acercarnos Tati y yo, los coordinadores, a cada persona y preguntar “¿cómo te sentís?”) indicó una sensación general de fuerza y malestar conjuntos, hasta llegar a José.
Su gesto facial se había vuelto sutil pero notoriamente triste y desvencijado, una impresión de autoconmiseración y resignación que fue exactamente lo que dijo sentir.
Un gesto de Jime me hizo preguntarle qué le hacía sentir escuchar a José decir eso, y su respuesta “me enoja escucharlo”.
Parecía totalmente lógico: el empuje del Carro desde Lo qu eestá Detrás caía en línea recta en el agujero depresivo que creaba en la posición de Lo que está Delante esa actitud del Ermitaño, y le resultaba inaceptable.
Varias figuras más manifestaron su desagrado ante el sentir de José.
Su respuesta, invariablemente, era “si, tienen razón, pero ¿qué le voy a hacer? Esto es lo que siento”, junto con una actitud, a veces explícita, de “y si no les gusta a mí que me importa”. La impresión de fondo era una larga costumbre de ser rechazado por sentirse mal, y una resignación absoluta a ese bucle, a ese círculo vicioso de depresión – rechazo – soledad – desprecio adaptativo por los demás – más soledad consecuente – más depresión consecuente.
El único que se sentía bien permanentemente – al principio - era Alejandro, consistentemente con manifestaciones pasadas de La Fuerza. De la misma forma, varios representantes dijeron sentir que Ale “estaba con todos ellos” o “los acompañaba a todos”. Esta sensación era compartida por él.
Todos se sentían muy bien, también, con Martín como El Loco, así que propuse acercarlo a El Ermitaño, con la esperanza de que la cercanía produjera un pasaje de “carga positiva” por así decir y, o El Ermitaño se sintiera mejor, o los demás lo miraran con mejores ojos.
Pero pasaba el rato y no esto no ocurría. De hecho, todos manifestaban sentir una clarísima separación, como si hubiera una frontera física, entre el total del sistema y José. En la medida en que Martín se aliaba con él, también quedaba excluido, pero a diferencia de José, los demás representantes querían sentirlo incluído en el sistema.
En algún momento pensé en excluir a José de la constelación, dado que era la única figura que se sentía mal, pero de alguna forma, no me parecía lícito. No sólo era Lo que estaba por Delante: también me resultaba instintivamente necesario incluírlo en el sistema, darle un lugar de contención.
Probablemente esta necesidad estuviera incentivada por la sensación, que José también corroboró de modo explícito, de que su actitud se correspondía con la de un nene enfurruñado, y las opciones que nos deja esa actitud en el trato con un verdadero nene enfurruñado puesto a nuestro cuidado. Simplemente, no se la puede ni asentir, ni contradecir, ni ignorar: se la debe resolver de alguna manera que asegure la contención de ese niño.
Resumidamente, los intentos de conciliación entre José y el resto del sistema fueron largos y difíciles, en cierto momento me sentí sin más herramientas disponibles, y era cierto: si no fuera por Tati, la cosa habría quedado irresuelta (ventajas de trabajar con una genia: recomiendo a cualquiera que se quiera mandar a investigar este tipo de boludeces que se consiga una, o va frito).
Algo que nos enteramos más tarde, fue que ese largo rato de intentos infructuosos, lo pago Ale sintiendo diversos dolores y manifestaciones de cansancio, irritabilidad y agotamiento.
Síntomas todos que se disolvieron instantáneamente apenas Tati puso al Loco detrás de El Ermitaño, patronizándolo a la manera de Constelaciones Familiares, cosa que, si bien no logró que la sensación subjetiva de José variara, sí tuvo el efecto de que el resto del sistema, entero, sintiera más agrado ante su presencia.
El siguiente movimiento que propuso Tati fue poner a Martín, desde esta posición patronizadora, como medio entre Los Enamorados y El Ermitaño.
Es tan brillante que todavía me hace cosquillas: el niño interno aceptando afrontar la sensación de soledad como parte de un proceso de maduración afectiva es... es... es TAN lo mejor posible, que no se me hubiera ocurrido en un millón de años.
Incluso José sintió la mejora de esta posición, y todos los demás representantes manifestaron ya no sentir más separación entre ellos y él. Seguía con el gesto melancólico, pero decía sentirse en general,menos triste.
Pusimos a Keki con La Templanza enfrente, y a Ale detrás del Loco, formando una cruz. Keki manifestó sentir “una corriente, un flujo” entre ella y Ale que atravesaba a Martín, dando una sensación general de correción y esperanza. Al costado de esta cruz quedaban Los Enamorados y El Carro, alineados. Todo el sistema manifestó al mismo tiempo bienestar y sensación de algo aún irresuelto.
Pregunté a Carla, La Torre, si se sentiría honesta asegurándoles a todos que ella se ocuparía de terminar de disolver las reticencias, y dijo “es exactamente lo que estaba pensando: esta separación no puede durar, se va a ir sola”.
Que el sistema acepte de buen grado lo que está en el futuro inmediato es siempre un logro sano. En este caso, era un logro de cierta tristeza, porque la maduración emocional implica reconocer y aceptar los momentos de soledad y el miedo a ella, pero lo considero tan totalmente necesario y eventualmente abridor de nuevas puertas, que parecía un cierre razonable.
Disolvimos la constelación e hicimos una resumida explicación de los movimientos vistos, en la cual hablé de cómo tras experiencias de mucho dolor algunas partes del sistema quedan tan dañadas, que su recuperación es tan difícil que probablemente no quieran saber más nada de nada, y quedan lastrando al resto del sistema. Y de cómo la interacción entre estas partes y el resto del sistema puede llegar a cotradicciones tan agudas y profundas, que se desarrollen a expensas de la fuerza vital del organismo, causando los síntomas que sufriera Ale hasta que la contradicción se resolvió.
Y de cómo, afortunadamente, en este caso el sistema estaba lo bastante íntegro, decidido y apoyado por la naturaleza del momento a dar el siguiente paso madurativo como para poder integrar a esta parte herida en su seno hasta que el tiempo y las experiencias concretas le permitan encontrar su lugar y estado verdadero.
Algo en todo eso me emocionó un poco y me sofoqué momentáneamente.
Luego, tras cuatro consultas seguidas en el sótano del centro Vitriol, agotados, disolvimos la reunión y retomamos cada uno nuestras vidas.
Me quedó cierta alegría por tres trabajos exitosos, frustración y confusión por el mío propio, muchísimo cansancio que pagaría en los días siguientes con una sensación aguda de nihilismo y pérdida absoluta de sentido, y la sospecha de que no vamos a volver a repetir sesiones de mazo viviente, nunca más.
Así que, a menos que encuentre o invente otras maneras de investigar vivencialmente la arcania, es posible que este blog haya llegado a su fin.
viernes, 30 de octubre de 2009
Sexta (o algo así) sesión del Mazo Viviente
SABADO 31 DE OCTUBRE
a las
15:00 HORAS,
en el Centro Esotérico VITRIOL,
AV. RIVADAVIA 5283, LOCAL 28
realizamos una
SESION DE MAZO VIVIENTE,
están invitados a participar,
solamente tienen que confirmar con seguridad su presencia,
por el tema del espacio,
y ser puntuales,
(por el tema de que si no, me enojo).
Para los que no saben: con Tati venimos desarrollando desde el año pasado una forma de trabajo psíquico basada en elementos de terapia gestáltica, constelaciones familiares, y tarot.
Esta dinámica se aplica más fácil de lo que se explica pero, en términos de Bert Hellinger (el creador de terapia de constelaciones familiares) es exactamente asi:
"(constelaciones familiares)... es un método en el que personas ajenas son elegidas como representantes de miembros de una familia y luego ubicadas en el espacio en relación entre sí. Repentinamente esas personas sienten lo mismo que las personas verdaderas, sin que las conozcan. Es decir que existe un conocimiento que va mucho más allá de lo que consideramos comunicación común."
Es bastante mágico, si.
En el mazo viviente se aplica la misma dinámica, levemente modificada: la persona que hace una consulta elige representantes, que también sienten repentinamente lo que siente la persona representada, pero en vez de hacerlo ocupando el rol de un familiar de esta persona, ocupan el rol de una carta de tarot.
Esto nos permite trabajar sobre la perspectiva y sentimientos de la persona hacia el tema que consulta, de manera muy intensa y profunda.
Ya realizamos cuatro experiencias, esta va a ser la quinta.
El encuentro es gratuito, yo mismo voy a usarlo para consultar/trabajar un tema personal.
Si te interesa participar, para ver de qué se trata, para repetir la experiencia, para ayudarme a trabajar el tema de consulta o para consultar /trabajar temas tuyos, confirmá tu presencia en muduriaga@hotmail.com o al 15 61 70 79 44, para reservar el lugar.
Acordate que el lugar es chico, por lo que es importante que las reservas se cumplan.
Gracias desde ya,
Rogelio.
En un par de semanas, la transcripción de lo que pase mañana.
